Capítulo 2. Sus primeras experiencias…

4999 Words
Alejandra, en este año 1978, a los diecisiete años, obtiene su título de Bachiller, además de ser el mejor promedio académico del liceo.  La frustración de lo vivido con Gilberto, ya pasó, encontrándose enfocada en iniciar sus estudios universitarios. Ha decidido estudiar Educación, pues, con sus compañeros ha experimentado el talento que tiene para enseñar, educar, asesorar. Junto a sus compañeras de estudio de los dos últimos años y quienes se han convertido en sus inseparables amigas, Janet y Luzmarina optó por esta carrera, la cual aspira comenzar de inmediato. Alejandra se ha convertido en toda una mujer, muy atractiva, sensual, con un aire misterioso y sobre todo con su esbelto caminar.   Tiene porte de reina, mide un metro sesenta centímetros de estatura, de contextura normal, su cuerpo está muy bien proporcionado, sus ojos claros, resaltan en su rostro. Su piel morena, derivado precisamente del inclemente sol de la isla, le da un bronceado espectacular, que llama mucho la atención sobre todo a los ejemplares del sexo opuesto. Su cabello corto abundante, ondulado, de color castaño oscuro, le da a su rostro una frescura juvenil increíble. No obstante, antes de iniciar sus estudios universitarios, le detectan una discapacidad visual por lo que comienza a usar lentes para controlar la miopía. Enfermedad esta que también padece su padre. Una vez que inicia sus estudios, ella se enfoca única y exclusivamente en eso, en lograr su título profesional. Sin embargo, cursando aproximadamente la mitad de su carrera, a sus veinte años, comienza a tener mucho contacto con el hijo del mejor amigo de su papá: Diego Alejandro Ferretti, quien contaba con diecisiete años, es decir tres años menor que Alejandra y quien era el mejor amigo de su hermano Román. Pero, este joven a pesar de su corta edad, tenía un rostro muy varonil, un cuerpo atlético, con amplios hombros al igual que su espalda, piernas gruesas, firmes, duras, muy llamativas y provocativas, además, mide un metro setenta de altura. Él es de piel blanca, de ojos negros como azabache al igual que su cabello, muy guapo, de gruesos labios que le fascinaban a Alejandra, demostraba mucho más edad de la que tenía. Él estaba dedicado de lleno al negocio familiar, su papá era dueño de un restaurante, en una de las zonas populares de la isla, donde atendían fundamentalmente a los turistas que llegaban. Desde muy niño Diego Alejandro ha trabajado primero con su abuelo, ahora con su papá en la administración del negocio, sobre él hay muchos rumores, porque se ha convertido en un auténtico imán para atraer mujeres de todas las edades. Ella, a sus veinte años, se sentía fuertemente atraída por él. Todo empezó como especie de juego, comenzaron las caricias discretas y fugitivas en eventos sociales tanto en la casa de los padres de él, como en los de ella. Como estaba concentrada en sus estudios, no se había enterado que Diego Alejandro tenía novia y precisamente, en la misma cuadra donde vivían, aunque siempre había escuchado fuertes rumores de sus distintos amoríos, sin importar la edad. Es así, como este ocho de abril de mil novecientos ochenta y dos, cuando Alejandra cumple sus veintiún años, sus padres le hacen una fiesta en su casa junto a sus familiares y amigos. Estando entre los invitados Diego Alejandro, quien al llegar buscó de inmediato un lugar donde pudiera estar a solas con ella para darle su regalo. Ella, haciendo discreta señas a Diego, para verse en el jardín, en la parte trasera de su casa y lejos del resto de los invitados, lo espera ahí. Este al llegar donde ella estaba y cuidándose de no ser visto, la abraza fuertemente, la besa y con un suave susurro le dice… ―¡Estas bellísima! ―Gracias, me arreglé, precisamente pensando en ti, ―contestó con mucha picardía Alejandra. ―Toma, espero te guste ―dijo Diego de inmediato, entregando un estuche de regalo. ―¿Qué es? ―¡Ábrelo! ―¡Esta bellísima! ―exclama emocionada, al abrir el estuche, Alejandra―. Por favor Diego, pónmela tú. ―¡Bellísima estas tú! ―manifestó Diego, extrayendo la joya del estuche. El, se ubicó detrás de ella, le colocó la cadena y comenzó a besarla, iniciando por el cuello, la barbilla, mejilla, haciéndola girar entre sus brazos, la abraza y le besa en la boca. ―¡Detente Diego! Por favor, o se darán cuenta todos lo que siento, ―agregó ella, mientras él sonreía―. Creo esto que siento es muy difícil de ocultar, sobre todo, viéndote así, tan guapo. ―Entonces mejor entremos, pero no es mi culpa, tú me excitas demasiado. Alejandra, sin responder nada a este último comentario, camino hacia la casa, para incorporarse al grupo de sus invitados, sobre todo sus amigas. Para ella esta fiesta fue muy especial, no recordaba le hubiesen celebrado un cumpleaños antes. Normalmente, cuando mucho le partían un pastel, entre sus padres y sus hermanos. Además, a pesar de algunas miradas, pudo bailar gran parte de la noche con Diego, quien se retiró temprano, supuestamente porque estaba muy cansado. Para Ale, como le decían algunas de sus amigas, fue una linda sorpresa este cumpleaños. Todos se divirtieron pero especialmente ella. La reunión duro hasta bien entrada la madrugada, cuando se retiraron los invitados. Al día siguiente, recibiría otra sorpresa Alejandra, cuando su hermana Jennifer le comenta, que Diego Alejandro se le había declarado la noche anterior. Ella incrédula, no creyó lo dicho por su hermana, pues esta tendía siempre a pensar y creer que como era la favorita de sus padres, tenía derecho a todo y siempre pretendía quitarle a Alejandra lo que era de ella. En este caso, ella de inmediato, enfadada y con ironía, le refutó… ―¿En qué momento? Si el poco tiempo que estuvo aquí, lo pasó conmigo. ―Casi al llegar, me siguió hasta la cocina y se me declaró. ―Creo que mientes, pero como ese no es mi problema, ―encogiéndose de hombro y saliendo de la habitación que compartían, le gritó―, allá tú.   En virtud de esta conducta y desconfiando totalmente de su hermana, Alejandra, no creyó lo que le dijo sobre Diego. Pero tampoco se atrevió a preguntárselo a él. Razón por la cual, siguió disfrutando junto a éste, de las caricias y besos que se daban de manera fugitiva y a escondidas cada vez que se veían. Con el paso del tiempo, Alejandra fue avanzando en sus estudios y manteniendo una relación a escondidas con Diego. Que bien sabia, sus padres nunca aprobarían como novio, primero por la edad y segundo porque no era un profesional. Nuevamente, su hermano menor, al darse cuenta un día, lo que pasaba entre ella y Diego Alejandro, le preguntó… ―¿Tú andas con Diego Alejandro? ―No ¿Por qué? ―Porque el anda de novio con Maribel. ―La muchacha de aquí de la esquina―. Todas las noches, la visita y casi se comen el uno al otro. Alejandra, sintiendo un gran dolor en el pecho y una fuerte frustración, no dice nada. Solo mira a su hermanito y se queda callada. ― ¡Cuidate hermanita! Porque no quiero que nadie se burle de ti o se aproveche de ti, así sea él, mi mejor amigo. ―¡Tranquilo hermano! ―Fingiendo una sonrisa, salió directo a su habitación donde otra vez, se acostó y comenzó a llorar. Ella al encerrarse en su habitación, hace creer a todos que le había dado un fuerte dolor de cabeza y malestar. Como siempre Román, sabía que le pasaba, pero prefirió ser leal a su hermana y se quedó callado, sin decir nada a nadie. Al otro día, bien temprano, Alejandra decide ir a casa de Diego Alejandro Ferreti, quien no estaba y se sienta en el porche de la casa a conversar con su papá, con el señor Diego, a quien respetaba mucho, porque aparte de ser el mejor amigo de su padre, era una persona que ella sentía como un gran amigo, podía pasar largas horas conversando con él o escuchando sus historia de vida. A él, le preguntó… ―¿Es cierto que Dieguito tiene novia? ―No te preocupes, la que sea, tú la quitas de en medio. ―expresó el papá, sospechando lo que estaba pasando entre ellos, porque había observado algunas conductas distintas entre su hijo y ella. ―O sea, que es cierto. ―Pero no creo sea nada serio, porque a nosotros no nos ha dicho nada. ―Pero el caso, es que la tiene, que tiene una novia y aquí mismo, porque según me dijo mi hermano, es Maribel, la chica de la esquina. ―Te aseguro que no es nada serio. ―¿Cómo lo sabes? Si él no te ha dicho nada. ―Precisamente por eso, por eso lo sé, porque si fuera algo serio, importante, me lo diría. Él me cuenta sus cosas. ―Sin embargo, me duele el engaño, confié en él. ―A veces, a uno como hombre se le presentan chances con mujeres que están dispuesta a todo y uno lo que hace es aprovecharlo. ―Por Dios, no lo defiendas tanto, no creo esa sea su situación, cuando es más, la visita todas las noches, ―interrumpiendo la madre de Diego, pregunta… ―¿Qué tanto conversan ustedes dos? ―Era que le estaba consultando al señor Diego, algunas cosas ―respondió Alejandra, quien no quería la señora pensara otra cosa. ―Parecen un par de chismosos juntos, hablan y hablan… ―¡Discúlpeme, señora Carmen! ―¡No tienes, que disculparte! ―sonriendo y mirando a Alejandra―, Sino que me llama poderosamente la atención que se pasen tantas horas conversando. ―Era que realmente necesitaba aclarar algo, pero ya me retiro. ―¡Tranquila Alejandra! No lo tomes a mal, si se quiere era una broma. ―¡Ok! De todas maneras, ya me voy porque debo hacer algunos trabajos de la universidad. ―¡Cuidate! Y no te preocupes… ―¡Qué más quisiera! Hasta luego, ―y salió de la casa, caminando cabizbaja, dolida y preocupada porque se volvió a equivocar. Dos meses después… En el cumpleaños número dieciocho de Diego y donde Alejandra había sido invitada, junto con su familia, ellos se vuelven a encontrar. Él no había vuelto a la casa de ella porque sospechaba, ya sabía lo de él con Maribel, así que al verla, se alegró mucho y la miró fijamente, sin darse cuenta que tanto su padre como su madre los observaban. El no dijo nada ni ella tampoco, solo se miraron y ella caminando hacia un área de la casa que estaba sola, sin personas ahí, lo esperó. En muy breves minutos él llegó hasta donde ella estaba, sorprendiéndola por detrás, la abrazó y la volteo para besarla, a lo cual Alejandra no le hizo resistencia, sino que se dejó llevar por lo que sentía, esas emociones fuertes que él despertaba en ella. Beso éste que había sido presenciado por los padres de él, quienes estiman mucho a Alejandra y la preferían por encima de cualquier otra muchacha de la Urbanización y quienes vigilaron que ningún familiar de Alejandra los sorprendiera. ―¿Cómo estás? ―¡Bien! ―¿Qué tienes, te siento como brava? ―¿Debería estar brava por algo? ―No sé, no te había vuelto a ver ―Porque no has querido, vivo en la misma casa de siempre ―He tenido que salir temprano al trabajo y llego muy tarde… ―Y yo he estado en exámenes que me absorben todo el tiempo. ―afirmó Alejandra, viviendo un conflicto interno entre el deber y el ser; no hallaba que hacer, porque sinceramente le fascinaban sus besos y caricias. ―¿Aceptas ser mi pareja de baile? ―¡Sí, encantada! Aún no te he felicitado por tu cumpleaños. ―¡Entonces, aprovecha y me das mi regalo! ―No te traje nada. ―Yo solo quiero un regalo de ti, tus besos. ―Esos ya los tienes. ―Lo abrazó y lo besó muy apasionadamente. Luego, los dos caminaron hacia el salón de fiesta. Ellos volviendo al salón de la fiesta y donde estaban los invitados, entre estos los padres de Alejandra y sus hermanos, se dedicaron a bailar. Ella se mantuvo un poco alejada de él, para que nadie notara lo que había entre ellos. A partir de ese día, los padres de él, le ofrecieron todo el apoyo a ella, para que mantuviera una relación con su hijo, porque la querían mucho. Lo cual alegró mucho a Alejandra. Esa noche, una vez que terminó la fiesta, ella convenció a sus padres para quedarse a dormir ahí, con sus amigas, quienes iban a hacer una pijamada, aprovechando la presencia de ella, así se quedó a dormir en la casa de Diego, para poder hablar con él. Sus padres, le permitieron quedarse porque era la casa de su amigo y las hijas de él, eran amigas de Alejandra. Una vez que todos se acuestan, Alejandra le pide a una de las hermanas de Diego que la acompañe, a la parte trasera de la casa, para conversar un rato. Al llegar ahí, estaba Diego Alejandro esperando por ella. Ellos inicialmente conversaron, pero luego la hermana de Diego, se retiró diciendo que tenía mucho sueño y estaba cansada. ―¡Tranquila, hermana! Yo acompaño a Alejandra, es mas en un rato nos acostamos. ―Ok, hasta mañana o hasta ahora, son las tres de la mañana. ―¡Tranquila! en un rato voy. Una vez los dos solos, Diego, se levantó de donde estaba sentado y se sentó en la misma banca donde estaba sentada ella, justo a su lado, pero atrayendo su cuerpo hacia él, envolviendo con sus brazos, acariciando con su boca y su lengua el cuello, el lóbulo de la oreja, al cual le dio pequeños mordiscos, al igual que su mentón, besando sus labios, succionando después el labio inferior de ella, hasta introducir su lengua en la boca con la cual recorrió toda la cavidad bucal de Alejandra haciéndola estremecer y vibrar como nunca le habían hecho sentir. Ella con la piel toda enchinada, sentía que estaba en peligro de caer con él, pero sabía que debía poner freno a esto, porque sentía, la fuerte excitación que él también tenía, por lo que le rogó…   ―¡Diego! ―en susurro y muy perturbada―, ya, por favor. ―¿Qué pasa? ―besando sus labios y hablando en susurro igual a ella―, ¿No te gusta, Ale? ―Todo lo contrario, me fascina, pero no debemos perder el control de esto, no quiero hacer algo de lo que después, los dos, nos arrepentiremos. ―¡Te deseo! ―afirma Diego, inspirando muy profundo y luego expirando el aire, tratando de controlarse. ―¡Quiero más que eso! Deseo que me ames. ―Yo te quiero. ―Deseo que me ames con todo ―solicito Alejandra, mordiendo muy suavemente sus gruesos labios. ―¡Me tienes loco! Aquí estoy pegado a tu cuerpo, oliendo tu fragancia ―ella interrumpiendolo… ―Y yo estoy aquí, sintiendo el roce de tu piel, que me enchina toda y tus ojos que me desnudan cuando me miras. ―¡Será al revés! Cada vez que tú me miras, siento que me desnudas. ―¡Me tienes, demasiado excitada! ―afirmó ella, sonriendo ―¡Y eso que no me dejaste avanzar más! y ―la tomó de la mano, para llevarla a la terraza, que estaba en la parte trasera de la casa, siendo esta un área muy íntima discreta de la casa― ven vamos a dormir. ―¿Cómo así? ―¿Tú has dormido en hamaca? ―¡No! Nunca. ―¡Ven! No pasara nada que tú no quieres que pase, pero es rico dormir así, anda ven. ―Pero ¿dónde dormiremos? ―En la terraza, ahí nadie te vera. Anda vamos ―ella dejándose conducir por él, lo acompañó a la terraza. Él se acomodó primero en la hamaca, acostándose tal cual como andaba vestido, con su chemise, pero una vez que se acostó, le comentó a Alejandra que sentía calor, por lo tanto se quitaría la chemise e incluso el cinturón que apretaba la pretina de su pantalón jean. Él se sentó, mientras ella lo observaba y al ver ese pecho tan amplio, al igual que sus hombros y espalda, se sintió muy turbada. Una vez que se volvió a acomodar en la hamaca, halo suavemente a Alejandra para que ella cayera sobre su cuerpo, acomodándola entre sus piernas abiertas, abrazándola a su cuerpo y cubriendo el cuerpo de ella con sus brazos. El nuevamente comienza acariciando el vientre de ella, por encima del pantalón con movimientos circulares y muy suaves, subiendo después por debajo de la blusa que ella traía puesta, con sus manos, por la piel de su cintura, recorriendo por encima del sostén sus erguidos y excitados senos, en los cuales apretaba suavemente sus duros pezones. Ella, sintiéndose muy perturbada por esa caricia tan insistente, decide cambiar la posición que tenía y se voltea hacia su pecho. Una vez ahí, inicia el recorrido del pecho de él con sus labios, succionando la punta de a tetilla. Diego, se estremece fuertemente con esta caricia y busca los labios de Alejandra. Ella respondió, besándolo. Las manos de él no se quedan quietas y siguen recorriendo el cuerpo de Alejandra, excitándose más y más. A pesar de sus dieciocho años, ella sentía que Diego tenía mucha experiencia, por lo tanto, debía controlarlo para no hacer locuras. Porque estaba seguro después le pesaría. Ella, subiéndose más a él, le dice al oído, muy bajo… ―¡Por favor, Diego! Detente. ―¡Dejame seguir, mi amor! Tú lo estas deseando tanto como yo. ―Es que nunca he estado con alguien y desearía que mi primera vez, sea un momento para no olvidar nunca, que ese recuerdo este permanentemente en mí. Quiero que sea algo especial. ―Entonces déjame hacerte sentir cosas muy ricas, sin que tengamos relaciones. ―¿Cómo así? ―Con mis manos, déjame acariciarte y tú me vas guiando, donde te gusta más. Alejandra, sin expresar palabra para consentir, solo dejó que el siguiera su recorrido.  Esta vez, la hizo que volviera a su posición inicial, acostada sobre él, pero de espaldas a su cuerpo, él bajó la cremallera del pantalón de ella. Metiendo sus manos y dedos en las bragas, fue recorriendo muy suavemente la vulva de ella, despertando unas verdaderas explosiones sexuales en su virginal cuerpo, sin introducir su m*****o y cuidando de no desgarrar el himen con sus dedos. ―¿Te gusta? ―pregunta Diego, hablándole a su oído, sintiéndola temblar y vibrar. ―¡Si! ―logro murmurar Alejandra, quien tenía sus labios apretados para no soltar ningún quejido. Diego, frotando su m*****o contra el trasero de ella, por encima de la ropa, estaba viviendo un verdadero suplicio. Pero, sabía que era mejor aguantar. Alejandra, como el de repente se detuvo en lo que le estaba haciendo, nuevamente le susurra al oído…  ―¡Sigue por fa!, sigue como me estabas haciendo. ―¡Ya va!, estoy tratando de controlarme, porque me tienes demasiado excitado y me puedo venir ―le dice él, al oído con un murmullo parecido al de ella, sonriendo por su suplica. ―¡No es mi culpa! ―responde sonriendo ella. ―No, solo que con tus movimientos, ante mis caricias, me tienen duro, ¿lo sientes verdad? ―Si. ―Ya voy, porque quiero ver si puedes experimentar un orgasmo así. ―Ok. El, al tomar nuevamente el control de su cuerpo, volvió a seguir con la caricia que estaba haciendo en la vulva de ella, tratando de ubicar el punto exacto donde ella lograría su primer orgasmo. Así que con una mano acariciaba su genital, mientras con la otra jugaba con el pezón duro y firme de uno de sus senos, logrando excitarla aún más. Una vez, que Alejandra comienza a sentir el bienestar, el placer, hormigueo y la sensación de cosquilleo, que produce el orgasmo, le ruega a Diego… ―Sigue, por favor, sigue ahí, estoy sintiendo extraordinario, es una sensación muy rica y placentera. ―Disfrutalo, esa es la idea. Ella, se lleva un puño a la boca, mordiendo sus dedos, para no emitir ningún ruido. El, consigue que su cuerpo explote en contracciones vaginales involuntarias continuas y cortas, consiguiendo su primer orgasmo. Alejandra, feliz, por lo que él le ha hecho sentir y en agradecimiento lo beso apasionadamente, preguntándoles… ―¿Qué puedo hacer para que disfrutes este momento, como yo? ―¡Tranquila, mi amor! No te voy a exponer que cualquiera te pueda ver teniendo sexo conmigo. Solo besame y vamos a dormir un rato, van para las cuatro de la mañana. ―¡Gracias! Por lo que me regalaste hoy. ―De nada, solo imagina lo divino que será cuando lo podamos hacer totalmente. Ella, sin responder nada, acostándose sobre él, pero boca abajo, pegó sus labios a la piel de su pecho y así durmió plácidamente sobre su cuerpo. Al amanecer, Marisol, la hermana de Diego, la buscó porque no estaba en la cama que habían acomodado para ella, va a la cocina y pregunta a su mamá… ―¿Dónde está Alejandra, mami? ―En la terraza con Diego Alejandro, por favor, no vayas a comentar eso con nadie, ni con tus hermanos. Estoy esperando un rato más, para irla a despertar y que se acueste en la cama.  ―¿Cómo así que está con Diego? ¿No durmieron? ―Sí, pero de seguro que hablando se quedaron dormidos en la hamaca. ―¡Ok!  No sabía que ellos tenían algo. Lo que sí sabía era que a Alejandra le gusta mucho Diego. ―Yo tampoco lo sabía. Pero bueno, vamos a ver qué pasa… ―A mí, me encantaría que Alejandra fuera mi cuñada. ―Y a mí, me encanta para nuera ―las dos sonríen. La señora Carmen, al terminar de hacer el desayuno, fue hasta la terraza, se acercó a la hamaca y los vio plácidamente dormidos. A ella le dio dolor despertarlos, pero no podía hacer otra cosa, para proteger tanto a Alejandra como a su hijo. Así que llamándolos a los dos, quienes se despertaron apenados que ella los hubiera visto. Ella solo les dijo… ―No los quería llamar, pero no sé si vienen de tu casa a buscarte y después se arme un lío. ―¡Tiene razón! Mejor me voy de una vez. ―¡No, hija! Ven para que desayunes con Diego y después te vas, ―¡Ok! ―¡Madre! Dejanos ir al baño. Vamos Alejandra, para que te laves también. ―¡Si, vamos! Los dos se retiraron al baño, mientras la señora Carmen caminó a la cocina y encontrando ahí a su esposo, le comenta, lo que había pasado con Diego y Alejandra. ― A mí me encantaría que mi nuera fuera Alejandra ―comentó él contento. ―¡Estoy de acuerdo contigo! Además, a ella se le ve que está muy enamorada de él. ―¡Bueno! Vamos a dejar que sean ellos quienes decidan, no nosotros. Mientras en el baño, Alejandra y Diego se cepillaron los dientes con el cepillo dental de él. Se lavaron la cara y se comieron a besos, antes de salir del mismo. Una vez que salen, son observados a escondidas, por las hermanas de él, quienes se miraron y sonrieron de verlos juntos. Esa mañana Alejandra y Diego estuvieron muy cómplices e inseparables. Siendo las once de la mañana y habiendo terminado de desayunar, ellos se despiden, sin compromiso alguno de volverse a ver. Alejandra para llegar a su casa tranquila, le pide a Marisol que la acompañe, quien en el trayecto a su casa le preguntó… ―¿Qué pasó entre mi hermano y tú? ―¡Nada! Él me respetó, solo que conversando nos quedamos dormidos. ―respondió Alejandra, preocupada porque le descubrieran la verdad de lo que había vivido. ―Espero que solo sea eso, aunque a decir verdad, yo te prefiero a ti como cuñadita que a cualquiera otra. ―¿Tu hermano, tiene novia oficial? ―No sé, pero los días que llega temprano del trabajo, se baña, se viste y va para que Maribel. Siempre viene de ahí tarde. ―¿Me puedes avisar si lo vuelve a hacer? ―¡Ok! Bueno hasta aquí te acompaño. Ahí está tu hermano. ―¡Ok! Y gracias. Su hermano al verla llegar no le dice nada, solo la mira y sonríe con ella, pero algo triste. Alejandra, se sintió mal, pues, sabe el la ama mucho y lo que esta es cuidándola de que no se equivoque, y más cuando él sabe todo de Diego, porque ellos, son muy buenos amigos. Ella entra a la casa y va directamente a su habitación, para ducharse y vestirse. No obstante, lo que vivieron Diego y Alejandra, esa madrugada, el no terminó con Maribel, ese día, sino que siguió con ella. Después de este cumpleaños de Diego, ellos no volvieron a verse, por unos días. Ella estaba aferrada fuertemente a sus estudios y él a su trabajo. Sin embargo, casi al mes de haber vivido esa experiencia, Alejandra nuevamente pide permiso en su casa para quedarse a dormir en la casa de Marisol. A lo cual sus padres acceden. Ella había hablado con Marisol para quedarse a dormir esa noche en su casa y poder hablar con Diego, porque tenía días que no lo veía, lo cual fue apoyado por su amiga incondicionalmente. El, al llegar del trabajo y verla ahí, muy disimuladamente le hizo señas para que fuera a la terraza. Ella feliz de verlo, de inmediato se encaminó hacia allá. Apenas llegó Alejandra a la terraza, Diego la abrazó y la besó, rogándole se quedara a dormir ahí otra vez… ―¡Sí! Ya pedí permiso en la casa, me quedo hoy a dormir aquí con Marisol. ―¡Seguro! ―y diciendo esto se mordió el labio inferior. Alejandra, feliz de tenerlo así tan cerca y apasionado, se pegó a su cuerpo, para sentir su olor, su piel y le susurra… ―¡Te extraño y te quiero! ―Me pasa lo mismo, te extraño y también te quiero ―respondió él pegado a su oído. ―Me haces perder la razón. ―Tú me haces perder todo hasta el hambre, venia muerto de hambre, con inmensas ganas de bañarme y en vez de eso estoy aquí, comiéndote a besos ―le dice Diego, sonriendo. ―¡Eso me parece extraordinario! ―Me voy a bañar, ceno y nos encerramos en mi dormitorio a ver televisión, si quieres le dices a Marisol, para que venga con nosotros y así papá y mamá no sospechan nada. ―¡Ok! Te espero, pero me voy al dormitorio de ellas y en un rato vuelvo. Es así como ella sale de la terraza a la habitación de Marisol, aunque también estaban Lismar y Ruth, las otras dos hermanas menores de Diego. Ella estuvo un rato con ellas, viendo TV y luego, hablando muy bajo con Marisol, le pide la acompañe a ver películas con Diego en su habitación. Lo cual su amiga acepta. Al llegar, las dos a la habitación de él, Alejandra toca la puerta y él abre… ―¡Adelante, mis queridos amores! ―¿Desde cuándo soy tu querido amor? Nunca me lo dices… ―¡Malagradecida! Pero te lo estoy diciendo ahora ―los tres sonrieron. En ese momento, la mamá de Diego llegó con un bol grande con palomitas de maíz que Diego le había pedido hiciera, porque ellos iban a ver películas… ―¡Gracias, madre! ―A tus ordenes, hijo. ―Gracias. ―A tus órdenes, disfruten su película, pero no se duerman tarde, sobre todo tu hijo, porque tienes que trabajar mañana, tú solo con el personal. ―Sí, ya papá me dijo. Saliendo su madre de la habitación, el prepara todo para poner la película que decidieron ver. El, apagó la luz, se sentó en su cama, reclinando su cuerpo al cabecero de la cama que está pegado a la pared, abriendo sus piernas en la cama, hizo que Alejandra se sentara entre sus piernas para ver la película. Y su hermana se acostó en su cama. Mientras veían la película, el aprovechaba la oscuridad para acariciar su cuerpo y ella para disfrutar las emociones y sensaciones que el despertaba en ella. Así estuvieron hasta casi las doce de la noche, porque vieron dos películas seguidas. Alejandra feliz por lo que estaba viviendo, esa noche si durmió en la cama que le preparó su amiga. Al otro día temprano, todos se levantan, Alejandra también, se aseo y ayudó a la mamá de Diego para preparar el desayuno. Todos desayunaron juntos, luego Diego se despidió de ella y salió al restaurante, llevándose la camioneta de su papá, mientras Ale, caminando con Marisol llegó a su casa. Ella, entró y fue directo a su habitación para hacer las tareas que tenía pendiente. Al mes de este agradable encuentro, otra noticia, causa un terrible dolor en Alejandra, porque se rumoraba que Diego, tenía embarazada a su novia Maribel. Ella se enteró de esto por su hermana, quien hablaba de eso como si le agradara la noticia. Para Alejandra esto fue un duro golpe, porque confiaba que después de lo compartido con él, el día de su cumpleaños, además de los siguientes encuentros, él había terminado con ella, pero al parecer no fue así. Ahora la pregunta para Alejandra es ¿será cierto que Maribel está embarazada de Diego Alejandro? ¿Qué hará Diego?...
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