Alejandra, ese día, al mes exacto de haber estado viendo películas con Diego en su habitación, en la hora de almuerzo, escucha a su hermana comentar que al parecer el hijo de Diego, había embarazado a Maribel la chica de la esquina, quien al parecer es menor de edad. Esta noticia fue devastadora para Alejandra, porque la lógica le dice que de ser cierto, él debe responder por eso.
Y así fue, esa semana estalló la noticia y la muchacha tenía diecisiete años, por lo tanto era menor de edad. Alejandra sentía que el mundo se derrumbaba a sus pies. Los padres de Diego, buscaron hablar con Alejandra y la mandaron a llamar con Marisol, pero Ale, no quiso ir. Se sentía muy mal, y lo menos que quería era ver a Diego o a cualquiera de su familia.
A los quince días exactos de haber estallado este escándalo, el papá de Diego, llega de visita a la casa de Alejandra. El saludando a los padres de Alejandra, se sienta un rato a conversar con ellos. Mientras, ella disimuladamente en una habitación contigua a la sala de recibo, donde estaban sus padres con el padre de Diego, escucha toda la conversación, sin dejarse ver por ningunos de ellos.
―¿Cómo están todos por aquí?
―Todos bien, gracias a Dios
―¿Y ustedes como han estado?
―¡Todos bien! Tratando de resolver el problema en que se metió Diego, pero confío en Dios saldremos de esta ―respondió Diego a sus amigos, con un tono de voz que demuestra la tristeza que lleva por dentro.
―O sea, que es cierto, que embarazó a la menor de edad ―comentó Román.
―Sí, ya él asumió la responsabilidad y lo más probable es que se tenga que casar. Aunque Diego, está demasiado triste porque según él, está enamorado y no precisamente de ella.
―¿Qué te puedo decir amigo? Porque eso, si es verdad que da tristeza, que se tenga que casar con una mujer que no quiere. Pero bueno, como hombre adulto que es, debe asumir sus responsabilidades.
―Yo poniéndome en el lugar de la madre, exigiría como mínimo eso, que se case y asuma su responsabilidad porque ella es menor ―acotó Natalia.
―¡Natalia, pero vamos a estar claro! Tiene diecisiete años, en tres meses cumple la mayoría, no es una niña, sabe lo que hace y lo que hacía. Es más, según lo que me contó Dieguito, él había terminado con ella hace como dos meses.
―¿Y entonces? Así los números no dan, afirma Román.
―Le hicieron un ecograma y tiene trece semanas.
―¡Caramba, amigo! ¡Cuánto lo siento!
―¡Gracias, Román! Pero es triste ver al hijo de uno en un problema así y no poder hacer nada, porque según la abogada la única solución que hay es esa, de resto va a parar a una cárcel por haber abusado de una menor. Estoy contra el piso y mi hijo también.
―¿Diego, pero están seguros que es de él? ―replicó el papá de Alejandra.
―Por los tiempos sí, porque era cuando Diego andaba con ella. Pero seguridad sobre si el niño es de él, solo lo sabremos cuando nazca.
―¿Y cómo está Carmen? ―preguntó Natalia.
―¡Muy mal, contra el piso! Aunque creo, a todos lo que más nos afectó es que Diego nos había hablado desde hace como dos meses, sobre lo que siente por otra joven, de quien si se enamoró. Pero, con esto, ella no quiere hablar con él, ni dejar que él le explique.
―¡Diego! ¿Qué va a explicar? Eso no necesita explicación alguna. Solo que no respetó a la menor y me disculpas porque es tu hijo, pero es la verdad ―afirmó Natalia.
―¡Tranquila! Te entiendo más de lo que piensas, pero bueno, estos son golpes fuertes de crecimiento para él.
―¡Y bien fuerte! ―aseguró la madre de Alejandra.
―En todo caso, Diego, yo comparto tu criterio, no era tan niña, si ya casi va a cumplir la mayoría de edad. Bueno, me da sentimiento con Dieguito, pero entre ir a la cárcel y casarse, creo es preferible la segunda opción, ―manifestó Román.
―Asimismo pienso yo. ¿Y Alejandra? Que no la he visto ―preguntó Diego.
―Como siempre, encerrada en su habitación estudiando, si hasta a nosotros se nos hace difícil verla, se la pasa encerrada desde que llega de la universidad. Ya está más cerca de la meta ―respondió Natalia.
―¡Ah qué bien! me alegro por ella. Bueno, me voy, pase por aquí, porque necesitaba desahogarme y drenar un poco lo que tengo aquí dentro ―llevándose la mano al corazón.
―Cada vez que nos necesites aquí estamos, Diego.
―Si amigo, ¡Gracias!
En ese momento, sale de la habitación contigua Alejandra, quien acercándose a él le saluda con un beso y un abrazo.
―Hola señor Diego ¿Cómo está?
―Bien mi muñeca bella, cada día te ves más linda.
―Gracias y en la casa ¿Cómo están todos?
―Todos bien, gracias a Dios. ¿Por qué no vamos hasta la casa para que conversemos un rato? Tus amigas, están muy tristes, por lo que están viviendo con su hermano.
―Anda mami, hazles un rato de compañía a tus amiguitas ―agrega su madre.
―Sí, hija, anda ―le solicita su padre.
―¡Pero solo un ratico! Porque estoy full de trabajos de la Universidad, en finales de este periodo académico ―comentó Alejandra, indecisa, sin saber realmente qué hacer.
―Vamos hija, ―le animó el padre de Diego.
―Ok, vamos.
Alejandra acepta y sale caminando al lado de él, hacia la camioneta de Diego, apenas él arranca, ella suelta el llanto y afirma…
―Diego Alejandro, me engañó, en ningún momento me comentó que tenía algo con ella y ―sollozando, repetía Alejandra, quien se tapaba el su rostro con sus manos― Yo, yo, yo, creía ciegamente en él, pero me defraudó.
―Te entiendo, más de lo que crees. Pero, también sé que mi hijo te ama.
―¡Quiero que me entiendas! Que te pongas en mi lugar, esto, no le puedo perdonar ―repitió ella llorando―, soy la que siempre pierde, la que se tiene que quitar, la que tiene que ceder. Ya estoy harta, que en toda mi vida, soy la que pierde.
―¡Te entiendo, hija! Mucho más de lo que imaginas, pero por favor, escuchalo.
―¿Está en la casa?
―¡Sí! ―respondió Diego―. Él nos dijo que te ama. Hija, no te estoy pidiendo que lo perdones, sino simplemente que lo escuches.
―¡Ok!
Diego, al llegar a su casa, que estaba ahí mismo, cerca de donde vivía Alejandra, estacionó la camioneta en el frente y abrió la puerta del lado donde venía Alejandra, para que esta bajara. Al entrar con ella, a su casa, caminando a su lado, salieron a su encuentro, la madre de Diego, Carmen y sus hijas Marisol, Lismar y Ruth. Todas corrieron para abrazarla y terminaron llorando con ella.
―¿Dónde está Diego Alejandro? ―preguntó Diego.
―En su habitación ―respondió Marisol.
―Hace rato le di un calmante porque tiene un fuerte dolor de cabeza ―comenta su madre.
―¿Y eso?
―Vino la abogada de ellos ―dijo la madre de Diego Alejandro, mirando a Alejandra―, para avisar que la boda será, éste sábado que viene.
―¿Ya es definitivo? ―pregunto muy preocupado Diego.
―¡Sí! ―respondió su madre.
―¿Puedo subir a despedirme de él? ―preguntó Alejandra
―¡Si hija, por favor!
Alejandra, camino hacia las escaleras, fue subiendo como en cámara lenta, poco a poco, le parecía mentira lo que acababa de escuchar, sentía que algo se desprendía de su cuerpo. Al llegar a la habitación de él, prefirió no tocar, tomo la manilla de la puerta y la giró, abrió la puerta y entró, él levantó su cabeza de la cama, al verla, solo se quedó mirándola, sus lágrimas, corrían por su mejilla, ella cerró la puerta.
―¿Sigues con el dolor de cabeza?
―Sí, pero por favor prende la luz
―Por mí no hay problemas estar sin luz, si te molesta no la prendas, déjalo así, no me hace falta.
―Ok ―respondió él.
―¿Qué quieres? ¿Quieres que te felicite? ―preguntó irónicamente ella.
―Sé que te hice daño, ―respondió él, con la voz quebrada―. Pero, quiero aclarar algunas cosas contigo. La semana siguiente a que estuvimos en la hamaca, yo terminé con ella.
―Eso significa, que cuando estuviste en mi cumpleaños y me regalaste la cadena, andabas con ella ―manifestó enojada Alejandra.
―Sí.
―¡Jugaste todo el tiempo conmigo!
―No, eso no es cierto ―replicó Diego Alejandra, sentándose en la cama, reclinando su cuerpo al cabecero de la misma.
―En todo caso, ya para que vamos a aclarar algo. Te casas este sábado y no hay vuelta atrás. Prefiero no verte más, me imagino que te irás de aquí.
―No, me quedaré a vivir ahí, en la casa de los padres de ella.
―No, puede ser, eso significa que te voy a ver caminar, andar, vivir al lado de ella, esto no me puede estar pasando, ― se dijo Alejandra así misma, en voz alta, cerrando los ojos y desbordándose en un mar de lágrimas que corren por sus mejillas y las cuales no pudo controlar.
―¡Mi amor, perdoname! Por favor, no te quise herir. Alejandra te amo. Y no te creas que esto es fácil para mí, había terminado con ella, porque comprendí que te amaba, que me enamore de ti.
―Prefiero no me digas, nada más.
Diego Alejandro, levantándose de la cama y caminando hacia la puerta, donde ella se había quedado de pie, se acercó, la abrazó y la besó, bebiendo las lágrimas de sus mejillas. Alejandra, dejó que él la acariciara y la besara, respondiendo a cada uno de sus besos y sus caricias. Él andaba en bóxer, por lo que Alejandra pudo tocar, acariciar y sentir la piel de su espalda, su pecho, sus brazos. Mientras él, hacía lo mismo con ella, le quitó la blusa, acariciando sus pechos, frotando con delicadeza sus pezones, los cuales estaban totalmente duros y firmes.
―¡Hazme tuya! Esta es nuestra despedida, quiero entregarte mi virginidad, ya no quiero guardarla para nadie.
―¿Estás segura? ¿Eso es lo que quieres?
―Sinceramente, ya no sé qué quiero, pero en este momento deseo entregarte mi virginidad, quiero que seas mi primer y único hombre.
Diego Alejandra, besándola primero con ternura y después con fuerte pasión, la fue terminando de desnudar poco a poco, hasta tenerla totalmente desnuda ante sí, la condujo hasta la cama, donde la ayudó a acostar, luego comenzó a recorrer su cuerpo con besos y caricias. Bajó al vientre de ella y con movimientos circulares y muy suaves, la acariciaba; subiendo después con sus manos y su boca por la piel de sus caderas, cintura, sus costillas, sus erguidos y excitados senos, en los cuales apretaba suavemente con sus labios los duros pezones, con lo cual excitaba más a Alejandra.
Ella también conducía sus manos y sus labios en delicadas caricias sobre el cuerpo de él quien estremecido por el placer, se apoderó de su virginidad, dando paso a un placer intenso, inmenso, que la hizo venirse en varios orgasmos, los cuales le hicieron experimentar, sentir y percibir como la noche en la hamaca, esas sensaciones de bienestar, placer, hormigueo y cosquilleo que deja el orgasmo. El al igual que ella, disfruta de esta entrega plena y absoluta que acaba de hacer y hace lo mismo que ella, le entregó su cuerpo, su amor, su corazón y hasta su alma.
Diego, se cuidó, para no arriesgarla a ella, era lo que más amaba y deseaba. Hoy se estaban despidiendo en esta primera y única entrega. Ellos lograron el orgasmo simultáneo el cual generó en los dos esa sensación poderosa de placer físico que incluye una descarga de tensión erótica acumulada. Después de esta entrega, los dos lloraron, abrazados, porque sabían que esta separación seria definitiva. Ella, entró a la sala sanitaria, se bañó, vistió y salió despidiéndose de él con un beso apasionado.
De esta manera, Alejandra se alejó definitivamente de la casa de ellos por un largo tiempo. Evitando siempre, el verlo en algún momento acompañado de su esposa. Por sus hermanos y gracias a sus comentarios en la mesa, ella se enteró de la boda, de la evolución del embarazo, de lo bien que le estaba yendo a Dieguito y posteriormente, del nacimiento de su primer hijo varón.
Alejandra, después de esto, buscó no pensar más en él, por lo que un día, abrumada, vencida y analizando que su vida parecía haber venido marcada con un sello que no la dejaba tener un novio, que fuera la única, la primera, la oficial, con la que ese hombre, formaría un hogar, decidió dejar de tener como objetivo primordial la búsqueda de novio. ¿Las razones? Porque siendo una adolescente, se enamoró del novio de la hija de la costurera.
Después, se enamoró perdidamente del hijo del mejor amigo de su papá, pero, este embarazó a su novia, terminó casada con ella y con un hijo. Alejandra, lloró amargamente y por muchos meses, este incidente en su vida. Le dolía aceptar que hasta ahora, ella inconscientemente solo asumió el rol de the other.
En esa relación, si es que se puede llamar así, ella se sentía protegida, querida y valorada porque los padres de él, la querían mucho, como nuera, al igual que sus cuñadas. Pero lamentablemente, se terminó. Alejandra, acostumbrada desde niña, a callar el sufrimiento, a no dejarse vencer, a refugiarse en vías de escapes que no le traen graves consecuencias, como por ejemplo, evadir la realidad y crear un mundo de fantasía, hoy más que nunca necesita algo así. Ella buscó la ayuda de un psicólogo, en la misma universidad.
Así que nuevamente, no creando un mundo de fantasía, pero si buscando una vía de escape que la ayude a superar esta desilusión, vuelca toda la pasión y amor que hay en su corazón, pero para alcanzar sus objetivos, entre ellos graduarse lo más pronto posible, para independizarse.
Ella siente que junto a su familia, esto será muy difícil, por lo tanto, su meta es terminar lo más pronto posible su carrera para comenzar a trabajar y así abrirse camino en este mundo, porque en alguna parte, debe estar su alma gemela, el hombre de cuyas costillas salió ella, siguiendo los lineamientos bíblicos, que por cierto por ahora no quiere buscar, pues ha decidido que esto sea un objetivo principal.
Dos años después…
Una vez cumplido sus veintitrés años, Alejandra obtiene el título de Licenciada en Educación, como quiera que fue la más destacada de su promoción, la misma Universidad la absorbió como docente, con lo cual, obtiene un empleo digno y con una excelente remuneración. Donde a pasos agigantados avanza y desarrolla un crecimiento profesional excelente.
A estas alturas y gracias a sus estudios en esta área, Alejandra, logró superar muchos tabúes, traumas, creencias y fallas que tenía a nivel personal. Aunque ahora, sus padres, están preocupados porque hasta la fecha no le han conocido novio alguno a su hija. Ahora, como ya obtuvo su título profesional, sus padres la motivan para que busque formar su propia familia.
No obstante, lo que ellos ignoran, es que hasta ahora, cuanto hombre se le ha acercado a su hija, está comprometido, o con relaciones de hecho públicas y permanentes. Alejandra, se dedicó por completo a su trabajo, donde experimentó muchas satisfacciones, recompensas y premios por su alto desempeño. Ella siempre ha querido tener sus propias cosas, razón por la cual, lo primero que hizo fue adquirir un vehículo, último modelo, nuevo de paquete, el cual adquirió a través de los mismos beneficios que la Institución tiene para su personal.
Iniciando el nuevo año 1985, Alejandra decide comenzar estudios de Postgrado, para actualizar y mejorar su currículo. Nuevamente la competitiva Ale sale a relucir y comienza su lucha por ser la número uno en su postgrado. Estudios estos que termina, dentro de los dos años exactos de haberlos iniciado.
Dos años después…
En julio de 1987, Alejandra misma, prepara su fiesta de graduación, apoyada por su familia. Para esta fiesta invita a los padres de Diego y a sus hermanas, sintiendo que ya eso es una etapa superada en su vida, por lo tanto, quiso ser fiel y leal con quienes con ella fueron solidarios, amorosos, afectuosos y de quienes recibió mucho apoyo y solidaridad.
El día de la fiesta y para sorpresa de Alejandra, vuelve a ver, después de varios años a Diego. Él llevó a sus padres y sus hermanas a la fiesta de grado de ella. Justo en el momento que ella se dirige a su coche para buscar algo que necesitaba, observa la camioneta que llega, bajándose de la misma Diego, la señora Carmen, Marisol, Ruth y Lismar. Ella de inmediato se acerca para recibirlos ahí y es cuando escucha la voz de él, llamándola al bajar el vidrio de la puerta de la camioneta.
Ella, un poco turbada por la sorpresa, voltea su cara, poco a poco, hasta que lo observa muy hermoso y con una amplia sonrisa saludándola. Él se bajó, caminó hacia ella, la abrazó y la besó en la mejilla, felicitándola por este logro. Alejandra, aún no podía creer que era él. Estaba demasiado guapo, fornido, parecía más alto.
―¡Estas bellísima!
―Y tú, ¡muy guapo!
―Gracias. No te voy a preguntar cómo te sientes, porque lo que se ve no se pregunta. ¿Cómo te ha ido en el trabajo? ¿Cómo están tus cosas?
―¡Excelente, extraordinario! Gracias a Dios ¿Cómo te va en tu matrimonio?
―A pesar de todo, me va bien. Tengo ya dos hijos, el par.
―¡Y con el rancho ardiendo! ―refirió sonriendo Alejandra, bromeando con él, delante de su familia.
―Así es.
―Me ha dado mucho verte de nuevo. ¿Por qué no entras y te quedas un rato? No te envié pase, porque no pensé estuvieras aquí.
―¿Dónde me hacías?
―Recuerdo que tú me decías que querías conocer otros países. Por eso pensé que de repente ya no estabas aquí.
―Sí, pero eso fueron sueños de jóvenes y sin responsabilidades, tú sabes que la vida me cambió totalmente. ―Alejandra, interrumpiendolo…
―Pero gracias a Dios para bien, fijate como estas ¡te ves muy bien, muy guapo!
―Gracias, me voy a creer los piropos que me has dado hoy.
―Todos son ciertos. Anda por favor pasa, ven a mi lado, para que no te pidan pase. ¿Te parece?
―Ok, te voy a complacer porque eres la agasajada.
―¡Ok! Diego y Carmen, si quieren me esperan, voy a buscar algo a mi carro y ya vuelvo. Diego, por favor, acompáñame.
―¡Con gusto! ―respondió Diego Alejandro.
―Vamos, en dos minutos estamos aquí. Ella, caminó rápido hacia su coche. ―él iba detrás de ella, siguiendo sus pasos.
―¿Es tuyo? ―preguntó Diego Alejandro, contemplando el auto.
―Sí, está a tus órdenes.
―Gracias, lo tendré en cuenta, ―expresó él, sonriendo junto a ella, tomándole la barbilla con una de sus manos y confesando― aún te sigo amando.
En ese momento, Diego Alejandro, la sorprende, besándola brevemente en sus labios, ella no tuvo de momento reacción alguna, pero al reaccionar, un poco inquieta, le comenta…
―Pero yo no ―lo mira, le sonríe saca los paquetes que fue a buscar en su coche y los pone en las manos de él, quien aún sorprendido por la respuesta de ella, nuevamente la sigue y entran todos juntos al local de la fiesta.
Ella misma, los conduce a la mesa que les había reservado, la cual es precisamente la mesa que está junto a la de ella y sus padres. Al encontrarse todos deciden unir las dos mesas y comienza la celebración con un brindis. Su hermano, estaba feliz de ver a Diego, como sus padres a los padres de él, pues realmente eran grandes amigos.
Al iniciar el baile, Román Jr. era el encargado de bailar con Alejandra, pero Diego Alejandro, lo releva de tal obligación al ofrecerse él para bailar con ella. Lo cual fue aceptado por ella de inmediato. Así que los dos iban tomados de la mano a la pista y dieron inicio al baile. Alejandra, realmente se sentía muy feliz, aunque ella misma estaba asombrada que aquellas mariposas que sentía cuando veía a Diego, ya no estaban, ni sentía la necesidad de besarlo.
Esa noche fue extraordinaria, Alejandra pudo celebrar con todos sus seres queridos, amigos y compañeros este logro. Bailó, se rió y se divirtió como nunca. La fiesta duró hasta las tres de la mañana hora hasta la cual le fue alquilado el local. Una vez que culminó, salieron todos en caravana hacia la casa de los padres de Alejandra, incluyendo toda la familia de Diego Alejandro, donde siguieron la parranda hasta el amanecer.
Ella no los acompañó hasta esa hora, porque estaba realmente muy cansada y se acostó a las cinco de la mañana. No sin antes agradecer a todos ese día tan extraordinario que le habían regalado. Al llegar a su habitación, ella de pie frente al espejo, se contempla y observa admirada, pensando en cómo ha ido superando cada reto que se le ha presentado en su vida. Feliz con ella misma, se cambió y se acostó a dormir.