Narra Amelia Soy una mujer con un amplio grado de tolerancia, pero como todo el mundo, tengo mis límites y en los últimos días no estoy emocionalmente estable para soportar estas tonterías. En este punto, no tuve más alternativa que regresar a la compañía, ya me había empapado, así que al diablo con todo. Caminaba a pasos largos sintiendo como el agua se escurría por mi cabello, cuando llegué a la enorme entrada de Leroy Corporation, los ojos de absolutamente todos se quedaron clavados en mí, en especial los del señor Bastian. El hombre estaba atendiendo una llamada y al verme, despega su móvil de su oreja y lentamente lo baja mirándome con asombro. —Tiene que ser una maldita broma —soltó viendo como la caja se empezaba a deshacer en mis manos—. Eso… eso que lleva ahí es… ¿esas son

