Saque mi móvil y llame por teléfono con la voz entre cortada, Santiago no me contestaba, y Emilia se estaba desangrando en mis brazos, por suerte un taxi se apiado de nosotras, la lleve a un hospital y corrí a las oficinas de mi esposo, sabia donde quedaban porque días anteriores había ido para ella. Cuando Tiago me vio llena de sangre y en un llanto de lágrimas, casi le da un infarto. — ¿Que pasa Elizabeth? que tienes y los niños—no podía hablar el dolor en mi pecho era demasiado fuerte. — ¿Dime mujer donde están mis hijos y esa sangre?—pregunto preocupado. —Unos hombres me lo arrebatan, e hirieron a Emilia. —respondí en hilo de voz. — ¿Que dices?—agarraba su cabeza—no puede ser maldición, quien quiere hacerme tanto daño—se sentía frustrado y yo sentía que mi corazón se partía en mile

