Capítulo 84 No puedes irte, lo sabes bien. Iván La miré en silencio mientras sus últimas palabras seguían suspendidas entre nosotros, pesadas, incómodas, como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso. Una jaula. Así lo había dicho, con esa voz suya suave, casi dulce, como si estuviera describiendo algo evidente. Sentí que algo dentro de mi pecho se contraía con una mezcla desagradable de irritación y culpa. Aparté la mirada apenas un segundo, porque sostener sus ojos en ese momento resultaba más difícil de lo que estaba dispuesto a admitir. Sé que hice mal. La idea apareció clara, inevitable. Sé que no debí forzarla. Apreté la mandíbula. Incluso pensarlo me provocaba una presión incómoda en el estómago. Había sido un error, lo sabía, pero también recordaba con demasiada claridad

