Capítulo 25 Un juego de un rato Sofía Volví a ponerme el uniforme con la misma precisión de siempre. Ese vestido sencillo que usaba para servir, para pasar desapercibida. Alisé la tela, acomodé los botones y, por una vez, dejé el cabello suelto. Me lo cepillé despacio, dejándolo caer por mi espalda. Ya era de noche y la mansión había cambiado de ánimo; el aire estaba cargado de murmullos y música lejana. No pregunté de qué se trataba la fiesta. Había aprendido que las respuestas, en esta casa, rara vez traían algo bueno. Tomé la charola con copas de vino y avancé por el salón, cuidando cada paso. Los invitados reían, brindaban, hablaban de negocios y apellidos. Yo era solo una sombra que pasaba entre ellos, cumpliendo su función. —Sofía. Me detuve. Víctor se colocó frente a mí, obl

