Capítulo 24 Saldar una larga deuda Ya había oscurecido cuando fui hasta el baño. Me quité el uniforme con movimientos lentos y dejé que el agua de la ducha cayera sobre mí, caliente, constante, como si pudiera arrastrar el cansancio del día. Cerré los ojos unos segundos y respiré hondo. No pensé en nadie. No quise pensar. Al salir, me sequé con cuidado y regresé a mi habitación. Me senté un momento al borde de la cama, con el cabello aún húmedo cayéndome por la espalda. El silencio era profundo, casi reconfortante. Entonces estiré la mano y tomé el cuaderno que siempre guardaba en el cajón. El cuaderno. Lo abrí con cuidado, como si fuera algo frágil. Ahí estaban todas las cuentas. Cada cifra escrita con pulso firme, cada pago registrado sin errores. Siempre había sido meticulosa con e

