Capítulo 23 Una propuesta absurda Iván Entré al restaurante sin apuro y recorrí el lugar con una mirada rápida, entrenada. Siempre me había gustado llegar antes que quien me citaba. Me daba ventaja. Me permitía observar, medir el ambiente, anticipar movimientos. Ese hábito nunca fallaba. Elegí una mesa discreta, alejada del centro, con vista suficiente para controlar entradas y salidas. Me senté y apoyé un antebrazo sobre la mesa, como si aquello fuera una comida cualquiera y no una negociación entre hombres que no acostumbraban a perder. Ese día, sin embargo, no necesitaba demasiadas conjeturas. Ya sospechaba de qué trataba la reunión. Hill. El nombre apareció en mi mente con la misma pesadez que su reputación. Un hombre canoso, de presencia imponente, demasiado poderoso para mover

