Capítulo 10 Obediente Iván Las cifras dejaron de subir demasiado pronto. Dante lo notó antes que nadie. Lo vi sonreír con suficiencia cuando el último número quedó suspendido en el aire: cinco mil. Ridículo. Patético. Para un espectáculo tan cuidadosamente armado, la respuesta había sido decepcionante. Observé el escenario sin moverme, con el vaso de whisky quieto en la mano. Sofía seguía allí, erguida, silenciosa, con los hombros tensos y la mirada fija en un punto que no era nadie. No lloraba. No suplicaba. Y eso era lo que había enfriado el interés de muchos. No era una mujer desesperada. No era un objeto dócil. Era algo más peligroso. Dante alzó la barbilla, divertido. —¿Eso es todo? —preguntó, recorriendo el salón con la mirada—. ¿Cinco mil es lo máximo que vale esta noche? Alg

