Capítulo 67 Lo que Iván no ve Abel Iván seguía frente al ventanal, con la mirada fija en la ciudad como si pudiera atravesar cada calle con solo observarla. Desde donde yo estaba podía ver su reflejo en el vidrio oscuro: la espalda recta, los hombros tensos, el vaso vacío en la mano. Parecía tranquilo, pero lo conocía demasiado bien para dejarme engañar por esa calma. Cuando Iván se quedaba así, inmóvil, era porque su mente estaba trabajando a toda velocidad. Y eso nunca era buena señal para nadie. Guardé el teléfono en el bolsillo después de enviar los últimos mensajes a los hombres. Afuera la ciudad seguía vibrando con su ruido lejano, pero dentro del departamento el silencio se había vuelto pesado, como si la tensión flotara en el aire. Di un par de pasos hacia la mesa y me apoyé

