Mia sale de la ducha con prisa, se había quedado viendo su serie y se la ha hecho tarde. Mathias no debe tardar en llegar. Se pone su camiseta de los Lakers, le queda ancha, es perfecta, pero si quiere llamar la atención de Mathias, no lo hará así y lo sabe. Se la amarra a la altura del ombligo y se pone unos jeans. Se acerca al espejo y comienza a desenredar su cabello, suena el timbre. Ay no. Corre a revisar quién es por el intercomunicador y efectivamente, es Mathias.
—Mathias, sube, enseguida termino de alistarme.
Mia aprieta el botón para abrir la reja de abajo, abre la puerta de su departamento y regresa al baño a terminar de peinarse, mira la hora en su celular, no es tan tarde, Mathias es el que se a adelantado.
Mathias por su parte resopla y sube las escaleras, está cansado, hoy ha sido un día fuerte en el trabajo. Ya quiere ir a ese partido de básquetbol, que bueno que tenga a Mia de acompañante, una verdadera fanática de su equipo, no como Mirella, la chica que le había obsequiado esas entradas. Era su ex saliente, le había comprado entradas dobles para que fueran juntos, obvio Mathias aceptó, pero el hecho de aceptar no significaba que estén en una relación o algo así… en fin, resulta que la tal Mirella era muy controladora y le ´´cortó´´ porque Mathias no quiso que le revisara el celular. ¡Estaba loca! De la que se libró Mathias… Y bueno, no iba a desperdiciar las entradas, ya estaban compradas…
—¿Mia? —pregunta entrando en el departamento. La puerta estaba junta. Toma asiento en el sofá, no es la primera vez que la visita. Son amigos hace tiempo, pero se ha dado cuenta que las cosas han cambiado, Mia lo mira de una manera distinta, le gusta y esta claro. Mathias sonríe, la tiene muy fácil.
—Listo, lo siento, me había enganchado con una serie y el tiempo pasó volando… ¿ya vamos? —le dice sonriente. Ve a Mathias, el también lleva la misma camiseta. Trae un beanie amarillo que le queda bastante bien.
—Vamos, pero… ¿te quedaron pastelillos? Muero de hambre.
—Uy no, repartí los que me sobraron en el parque… —le dice Mia, no mencionará a Stephan, no tiene porque saber que un chico vino a su piso y se bañó aquí, eso se puede malinterpretar de cualquier manera.
—¿Y te los aceptaron? Que raro…
—¿Por qué raro? ¿No que te gustaron?
—No, no, por supuesto que me gustaron, solo que yo no aceptaría un bocadillo de un extraño… ¿tú si?
—Bueno pues depende, supongo que si no me da buena espina la persona no…
—Buen punto.
Ambos salen rumbo al partido de su equipo favorito, Los Lakers, se enfrentarán con uno de sus más grandes rivales. Se preguntarán porque ambos son de ese equipo si viven en Nueva York… pues otra coincidencia entre ambos es que los dos nacieron en Los Ángeles y se mudaron a este lado del país al terminar la secundaria. Mia porque aquí estaba su instituto de modas y Mathias porque su tío le ofreció trabajo en su empresa. Finalmente la empresa de su tío quebró, pero el llego a conseguir trabajo en la misma agencia de publicidad en la que trabajaba Mia, ambos eran colaboradores, hacían un trabajo arduo, pero bien recompensado. Eran los menores de la empresa.
Llegaron al fin al estadio, se sentaron en sus asientos, eran unos muy buenos lugares. Mia estaba infinitamente agradecida con aquél amigo que no pudo venir.
—Voy por palomitas, ¿quieres algo?
—Una soda porfas.
—Enseguida regreso.
Mia lo esperó, aún faltaba para que comience el juego. Visualizó a lo lejos a una chica que llamaba su atención, ¿esa no era Camila? No podía ver bien, comenzaba a pensar que tendría que comprarse lentes de contacto lo más pronto posible.
Unas porristas salieron a hacer un espectáculo, promocionaban un energizante nuevo en el mercado. De pronto la Kiss cam se encendió y comenzó a hacer de las suyas, pareja tras pareja sorprendiéndose y dándose un beso para que todos lo vieran. Menos mal Mathias no estaba junto a ella, lo quería besar, sí, pero no frente a toda la multitud. Quería ir a su ritmo, las cosas precipitadas no le gustaban.
Vio poco a poco las parejas, de pronto poncharon a Camila, ahora en pantalla si podía confirmar que era ella. Iba con su entrenador, ese idiota. Mia lo conocía bien, ese mismo le había puesto el cuerno a una de sus amigas de la escuela hace ya varios años. Un día se lo reencontró en una cafetería en la ciudad e intentó hacerle el habla, obviamente Mia lo ignoró, era un patán, le había causado demasiado daño a su amiga, solo esperaba que haya cambiado… Al ser ponchados en la cámara rápidamente se besaron, un beso demasiado apasionado en realidad, pobre Camila, había caído en su juego.
Mathias al fin llegó con la comida y se sentó junto a ella y ni bien lo hizo la cámara hizo lo suyo. Ahí estaban sus dos caras en la pantalla, siendo vistos por cientos de espectadores.
—Ay no —soltó Mia. Mathias sonrió de lado al verla ponerse completamente roja.
—Debimos prever que pasaría esto…
—¿Y ahora qué?
—Bueno, solo es un pico ¿no?
—No quiero Mathi… —Y sin previo aviso él zampó sus labios contra los de ella. Y se separó al segundo. Solo fue un pico, como le dijo que sería.
—Lo siento, tenía que, todos miraban, no iban a dejar de hacerlo hasta que pasara…
—Bueno —le dice ella tomando un sorbo de su gaseosa. No esperó que su primer beso sea así, para nada. ¿Le gustó? Pues duró un segundo, eso no podría ser calificado como beso, solo una simple unión de labios…