Capítulo 7

1165 Words
Stephan se da un refrescante baño, aunque se teme por los productos que se ha colocado en la cabeza. Mia no tenía shampoo natural, solo habían productos químicos aquí, espera que el olfato desarrollado de su padre no lo note. De pronto escucha a Mia gritar, sale de la ducha, abre la puerta y su paloma mensajera entra rápidamente al baño con él. Una carta de Andrew. Inhala, espera no sean malas noticias. ´´Hermano, ¿Dónde estás? Papá preguntaba por ti… Ha salido a una reunión, así que lo mejor será que vengas de una vez antes de que note tu ausencia…´´ ¿Papá no estaba? Era el momento perfecto para regresar se dice a sí mismo. Le abre la ventana del baño a su paloma y la deja ir. Se enrolla la toalla al torso, se mira en el espejo, que baño para más refrescante. Jamás había sudado tanto. —¿Stephan? —escucha a mía. —¿Estás bien? —Emm si, no tenías shampoo de avena, pero fuera de eso todo bien… —¿Y el pajarraco que entró contigo? —¿La paloma? La dejé irse por la ventana…  —Stephan abre la puerta para demostrárselo. —¿Ves? Ya no está. Mia traga saliva al verlo así, con el torso descubierto, con el cabello mojado y con esa sonrisa llena de inocencia, ¿de donde rayos era este chico y qué comían los de su pueblo? Voltea la mirada rápidamente, no tiene porque ver de más. Stephan cierra la puerta, se viste y sale ahora ya cambiado, mantendrá debida distancia con Mia, no quiere que se le pegue su olor a humano una vez más. —Bien, gracias Mia —aún siente raro llamarla así, no es suya, o sea que nombre para más extraño —te veo mañana. —¿No te llevarás los pastelillos? —le pregunta ella al ver que ya se va. —Oh, sí… —Stephan ve a Mia, esta demasiado cerca a la caja, si se acerca se le pegara el olor. Ella toma la caja y se la extiende, no le queda más opción que acercarse y recibirla rápidamente. —Nos vemos —se despide yéndose rápidamente. Mia se extraña, ¿acaso dijo algo malo? Ese chico es muy extraño. Sin más se tira en el sofá, aún queda mucho tiempo para que Mathias pase por ella. Mira su reloj, comenzará esa serie que tanto quiere ver. Ya después se dará un baño, solo espera que Stephan no se haya acabado su shampoo. Respira profundo, no puede creer que haya dejado que un completo extraño utilizara su ducha, vaya que hoy había sobrepasado las acciones buenas no solo del día, si no de la semana.   Stephan sobrevuela por lo alto la ciudad, aprovechó una nube para poder cambiarse y ponerse su traje blanco nuevamente. El día de hoy fue bastante largo, ¿por qué le tenía que tocar una pareja atlética y no una sedentaria? No es que Stephan no sea deportista, pero después de no haber dormido la noche entera, hasta el ser más atlético del planeta podría cansarse recorriendo el Central Park con el esplendido sol que tocó el día de hoy. Lleva en su mano la caja de pastelillos, la guardaría en su habitación para comer a diario y bueno, tal vez le invitaría un poco a su hermano, si es que lo ayudaba cubriéndolo al llegar. Sobrevuela la entrada de casa, su padre aún no llega, sonríe para sus adentros, lo ha logrado. —¡Hasta que al fin llegas! —lo saluda su hermano —¿Papá te mandó a una misión a la Antártida y otra al Polo norte o qué? ¿Por qué demoraste tanto? —Shh —lo hace callar Stephan, no quiere que todos se enteren de su hora de llegada, no vaya ser que un soplón le cuente a su padre. —He tenido un día de locos… —Al menos hoy si lanzaste la flecha a la hora exacta… papá está orgullosos de ti Stephan. —¿Ah sí? —pregunta extrañado, ¿Qué no vio que se confundió de persona? —Sí, justo cuando le llegó la notificación tuvo que irse a su reunión, pero de seguro a su regreso te felicita —su hermano comienza a olfatearlo —¿Dónde estuviste eh? Hueles raro. —¿Raro? —Sí, como a coco, ¿te acercaste al humano otra vez? —Pues… mi día fue muy largo… podría decirse que si, me acerque a los humanos otra vez. —Stephan… —¡Pero tenía que hacerlo! Papá no mandó ni una nube hoy, además no fui el único, vi a otra cupido allá. —¿Ah si? ¿A quién? —No la reconocí, pero vi como le tiraba una flecha a Mia… —¿Mia? —Emm sí, es una humana. —¿Y cómo sabes su nombre? —Larga historia Andrew. —¿Interactuaste con ella? —Pues sí, ya te dije que era necesario… —¿Qué a la que le ibas a disparar no era a una tal Camila? —Sí, también tuve que interactuar con ella y su entrenador… —¡Stephan! —Ya sé, ya sé, y eso no es todo… lancé la flecha a mi hora si, pero no a la persona correcta… —No lo dices en serio. —Pero tú me ayudarás. Andrew soltó una carcajada —Estas demente. —Por favor, solo necesito que mañana me cubras en la tarea que me toque, yo iré a remediar lo que hice. —¿Y que gano yo con eso? ¿Otro castigo de papá por si nos descubre? No Stephan, lo siento pero no. —Si me ayudas te doy esto —le muestra la caja de pastelillos. —¿De donde sacaste eso? —De Mia. —Stephan si papá ve esta caja te mata, tienes que desaparecerla. —Con mucho gusto —le responde a su hermano abriendo la caja y metiéndose un pastelillo completo a la boca, desprendiendo ese delicioso olor. A Andrew le ruje la panza, que delicioso manjar comía su hermano en sus narices. —Si quieres me ayudas a desaparecerla… —Eres un caso, ¿lo sabes? —Andrew toma un pastelillo y lo ingiere, lo saborea. ¡Que delicia! Está mil veces mejor que el que le regalaron en su cumpleaños. —Bien, mañana te cubriré, pero ya báñate de una vez, papá percibirá tu olor a coco artificial. —¿Bañarme otra vez? —¿Te bañaste en casa de la tal Mia? —Pues si… no quería que me huelan… —Pues créeme que si papá llega lo hará, ¿sabes la cantidad de químicos que tienen los productos de baño humano? A regañadientes Stephan tuvo que darse otro duchazo, de haberlo sabido… El lado bueno es que su hermano lo cubriría mañana, lo que uno hacía por pastelillos… 
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