Capítulo 6

1040 Words
Al fin llegan a casa de Mia, para que Stephan conozca el punto de encuentro del día de mañana, habían podido quedar en algún punto de encuentro del central park o de la ciudad, pero Stephan no sabía ninguna dirección, él solo quería coordenadas y coordenadas. Mia jamás había conocido a alguien como él. —Bien, aquí es mi hogar —le dice una vez ya en la puerta. —Genial, entonces… ¿mañana a que hora? —Yo saldré de casa 8 am, ven quince minutos antes. —Bien, 7:45 entonces, ¿hora local o UTC? —Coordenadas, hora UTC, no tienes celular… ¿De que mundo vienes? —rio Mia mirándolo una vez más de arriba abajo. Stephan tenía un pantalón beige, una camisa celeste y unos zapatos formales, si no habría estado sudado, el outfit le quedaría realmente bien, le causa gracias su cara. Cada cosa que dice, cada mirada que le lanza, parece un niño descubriendo el mundo. —¿Qué tanto me miras? ¿Tengo algo? —No, no —ríe ella una vez más. —¿Es tu primer día en Nueva York? ¿De donde eres? —Sí, mi primer día… ¿tan raro me veo? —Bueno, para ser nueva york… raro a tu manera —le sonríe. —¿Eso es un cumplido? —Fue un gusto… emm ¿cuál es tu nombre? —Stephan, mi nombre es Stephan, ¿el tuyo? —Mia. —Sí, tú nombre. ¿Cuál es? —Oye, ya no te pases de payaso —ríe ella una vez más. —Me llamo Mia. —Realmente no le gusta cuando la gente juega así con su nombre, pero a Stephan le sale tan natural, que realmente pareciera que lo que dijera fuera en serio. —Oh, lo siento. Jamás había escuchado ese nombre. —Bueno, nos vemos Stephan, no llegues tarde, no puedo llegar tarde al instituto. —Bien, bien, llegaré a tiempo. Si puedes hacer esos pastelillos… Mia ríe, en serio le encantaron. Decide ofrecerle unos más, hoy se había excedido con la preparación y le habían salido más de la cuenta. —Tengo más arriba, te puedo bajar un par si quieres. A Stephan se le iluminan una vez más los ojos, jamás había comido tantos pastelillos en un día, ¿estaría pecando de gula? No almorzaría hoy, así compensaría todo lo que había comido. —Te acompaño —le dice y la sigue hasta la planta de arriba. Un departamento, así le decían a las casas sobre casas en el planeta Tierra. En el Cielo jamás se vería algo así, allá no existían segundos pisos. —Que bueno que te encontré, si no sé que habría hecho con tanto postre. Amo prepararlos, es mi hobbie favorito, pero a veces me excedo un poco… Si quieres te doy una cajita con algunos, puedes llevársela a no sé… tu novia… —¿Novia? No tengo novia, eso no es para mí. Y es que es verdad, los cupidos pueden ser amorosos, pícaros, seductores en algunos casos, ¿pero que ellos se enamoren? No es algo muy visto. No digo que no pase, solo que a Stephan le parece contradictorio. Y si se preguntan del caso de Andrew, es distinto, más que enamoramiento, su hermano siente admiración por Daria, la conoce desde siempre y su nivel de inteligencia le llama mucho la atención, claro que podría surgir el enamoramiento, pero eso si se entiende, se conocen desde siempre. Stephan, por el contrario, jamás ha sentido algo así por ningún ángel. —Ah ya veo, eres uno de esos. —¿De quienes? —Ya sabes, el típico chico que dice que el amor no es para él y blablá. —Pero no miento —le replica comiendo otro bocado del pastelillo. —Ya verás, cuando menos te lo esperes el amor de tu vida llegará. Stephan rie, esa chica no sabe nada. —Si claro y llegará en una nube rosa… —Pagaría por verte enamorado y callarte la boca, ¿por qué hay tantos chicos como tú? ¿Qué les hace creer que no pueden enamorarse? —Pues todas las an… todas las ´´chicas´´ que conozco paran enfocadas en su trabajo, en su vida, en los estudios… nadie tiene el pensamiento que yo tengo sobre la vida. —Eres único e inigualable eh —ríe Mia, típico chico con índices de superioridad. —Pues al menos en mi ciudad, no hay uno como yo… —¿De dónde eres? —Es un lugar muy lejano… no creo que lo conozcas. —¿Europa? ¿Latinoamérica? —Emm si, es un pueblito pequeño. —¿Y jamás has tenido algo con una de las de tu pueblo? —Pues no, yo veo a todas como mis hermanas… al menos a las que conozco… —Pero eres guapo, ¿jamás se te han lanzado encima? Mia sigue extrañada, le parece muy raro que un chico como Stephan, guapo, alto, con un cuerpo atlético, tenga problemas en el amor, ¿sería gay a caso? Aunque eso no sería excusa, si lo fuera también debería tener millones de pretendientes tras de él, aunque claro esta el tema de su personalidad, es un poco extraño, pero eso no le quita lo guapo… —¿Lanzárseme encima? ¿De qué hablas?                     —¿Lo dices en serio? Bueno, mañana si hay tiempo podemos ir a un bar si quieres, ya verás. —Mia, ¿no te molesta que te diga así? —¿Por qué me molestaría? Ese es mi nombre. —No sé —rio él, es que realmente le parece extraño —En fin, ¿me prestas tu ducha? No puedo regresar oliendo tan fuerte. —¿Mi ducha? —Stephan asiente. Mia lo mira arqueando una ceja y sí, parece que lo dice en serio, este chico es demasiado confianzudo, pero no sabe por qué le agrada. ¿Así serán todos en su pueblo? —Bien, pero… olvídalo, esta bien… el baño está al fondo a la derecha… —Gracias —le dice él sonriente. Al menos no regresaría oliendo a humano, aunque no sabe si regresar sea buena idea, su padre lo matará… 
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