Capítulo 5

2028 Words
Mia comenzó a repartir sus pastelillos y bocaditos, o bueno eso intentó. No muchos querían recibir comida gratis de una extraña, muchos temían que podría contener, resignada guardó todo de vuelta a la canasta, sería hora de ir a casa. Colocó todo en la canasta y se puso en marcha hacia casa, aún tenía mucho tiempo libre hasta la noche, tal vez leería un poco, o podría comenzar esa serie de la que todos hablaban. Ya vería. Por otro lado, a lo largo del parque seguían corriendo Rodrigo, Camila y Stephan tras ellos, este último ya iba a desmayarse del cansancio. La parejita también estaba cansada, se supone que harían la vuelta completa al parque pero Camila ya no podía más. —Dijimos que haríamos la vuelta completa —le dice Rodrigo mientras se seca el sudor con su toalla. —Me doblé el tobillo Rodrigo… creo que me lesioné… —Dejame ver eso —ambos se acercan a una banqueta, Stephan los mira aliviado. Al fin habían dejado de correr y correr. Su boca está sequísima, lo que daría por un poco de agua. Decide sentarse en unas banquetas más alejadas a la de ellos, no quiere ser visto, no después de lo que pasó con ese tonto Rodrigo. Stephan va buscando entre sus cosas otra flecha, necesita una de amor y otra de desamor. Busca y busca y no encuentra nada, ¿quién se había cogido sus flechas? Resopla y llama a su paloma mensajera, otra vez tendría que recorrer a Andrew. ´´Hola, ¿por qué solo tengo una flecha en la maleta? ¿Donde están todas mis flechas?´´ Mando a la paloma, al menos la pareja estaba bien ocupada observando el robillo de Camila, aún había tiempo, o eso esperaba. ´´Pues hoy solo tenías una misión, ¿para que querrías más flechas? Te las saqué del maletín antes de ir a hacer lo de la tormenta… Están sobre tu mesa ¿Fallaste en el tiro?´´ Recibió la respuesta rápidamente, arrugo la carta y la guardó en su bolsillo, ya le contaría lo sucedido a su hermano después. ¿Ahora que haría? No podía regresar a casa y traer la flecha, ¿cómo los volvería a encontrar? Piensa Stephan, piensa. Se dijo a sí mismo. Habían dos opciones, o acercarse a ellos, quitarle la felcha a Rodrigo y lanzársela nuevamente a Camila, solo que esta tendría menos efecto o ver donde vivían y por la noche regresar a cumplir la misión, claro cualquiera de las dos opciones eran igual de riesgosas, de todas maneras un reporte a su padre sería mandado… Ya vería que hacer, sea la opción que fuera, no podía perderlos de vista. La pareja volvió a ponerse de pie. Stephan inhalo aire, no vaya a ser que vuelvan a correr. Felizmente no, ambos empezaron a caminar, Camila cojeaba un poco. Ni que hubiera sido tanto, se dijo Stephan, si ella estaba así simplemente por una mini doblada de tobillo, ¿cómo realmente habría tenido que ponerse él hace un rato? Stephan se puso de pie y comenzó a caminar tras ellos, obviamente manteniendo una buena distancia para que no lo vieran. Vio un camino a su derecha, era verde, se posó ahí, le parecía mas entretenido que el otro gris, a Stephan le fascinaban los colores, y sobre todo las tonalidades verdes y azules, tal como el planeta tierra, su lugar favorito podría decirse, y eso que recién lo conocía. —¡Cuidado! —escuchó a sus espaldas seguido de un sonido tal como el de una campanilla —¡Estás usando la ciclovía! ¡Ey! Stephan volteo a ver de que estaba hablando aquella chica, no entendía porque gritaba tanto. Dio la vuelta y una vez más, la chica de los pastelillos, tenía el ceño fruncido y lo miraba fijamente con esos ojos verdes, tales como el color del camino. —¿Otra vez tú? —le preguntó ella fastidiada —¿Sabes que estás caminando en la ciclovía? ¡Has podido ocasionar un accidente! —¿Ciclo qué? —le pregunta Stephan extrañado, esa palabra no la conocía. —¡La ciclovía! Este camino de acá es solo para bicicletas, de ahí viene el ciclo-vía —le dijo ella molesta. No entendía como ese chico no estaba enterado de nada, ¿quién no sabe que es una ciclovia? ¿En que mundo vive? —Oh, lo siento, no tenía idea… Ella lo mira de pies a cabeza, no puede creer que este hablando en serio. Aquél chico se ve demasiado extraño, esta todo sudado, con la ropa menos indicada para hacer deporte, ¿cómo es que estaba corriendo después de lo que le pasó a su pie? —¿Por qué corrías? —le pregunta curiosa. —Tenía que alcanzar a… Ay no. ¡Me hiciste perderlos de vista! —Ah, ahora yo soy la mala… ¿Por qué no simplemente llamas a quién estas buscando y ya? —Olvidalo, ya no tiene caso —Stephan resopla, sabe lo que vendrá en casa. De seguro que volvería a un año más de estudio, eso era indiscutible. —Bien, subete, tal vez en el camino podamos encontrar a quién buscas —le dice la chica extendiéndole la mano. Se coloca tras ella en la bicicleta. Stephan no tenía idea de que podían entrar dos en una. Claro que el iba parado en unos palos sobreslaientes y agarrado de la cintura de la chica, la chica de los pastelillos, aún seguía oliendo a ellos, ¿que tan deliciosos habrían estado? —No puedo creer que te esté ayudando a buscar a quién sabe, solo lo hago porque hoy no he hecho mi obra buena del día… —Escucha decir a la chica en murmuros. —¿Obra buena del día? —¿Lo dije en voz alta? —Stephan le da un sonido de aprobación —Bueno, este mes me comprometí en hacer una obra buena cada día, mejorar el día de los demás ayudándolos en algo pequeño que pueda cambiarles el día, el movimiento se llama operación sonrisas, ya sabes, ayudar a una nciano a cruzar la pista, a algún accidentado, cualquier obra buena cuenta, hoy aún no hago nada así que esta aventada cuenta, aunque ahora que lo pienso, el no haberte denunciado por lo del robo más temprano también habría contado… —No te iba a robar nada ya te lo dije, solo quería alcanzar a… ¡Ahí están! —Stephan señala a la pareja que seguía caminando a lo lejos. —¿Buscabas a Camila Bokes? —¿La conoces? —Bueno, esta en mi instituto… llevamos una clase juntas si no me equivoco. —¿En serio? —a Stephan se le iluminan los ojos —¿Y sabes donde vive? —Pues creo que vive a unas manzanas… —Necesito ir a su casa —le dice de pronto. —Pero para que, si la tienes ahí en tus narices… —No tengo flechas ahora —Mia levanta una ceja —no lo entenderías. —Pues tengo tiempo —se encoge de hombros, le resulta muy peculiar este chico, parece sacado de un cuento. —Mira, yo tengo que saber donde vive y tú tienes que hacer una buena acción hoy, ¿no es así? —Mia asiente, sabe a donde quiere llegar —Si tú me dijeras sus coordenadas, los dos habríamos logrado nuestro objetivo, tú me ayudas y yo a ti… —¿Coordenadas? —rie Mia —Quieres decir su dirección, ¿verdad? —Emm… supongo, quiero saber donde está su casa… —No creo que decirte donde vive alguién sea una buena acción… ¿para qué quieres saber? ¿Eres una especie de acosador o algo así? —Agh —resopla Stephan, esta chica solo le está quitando tiempo —¿Sabes qué? Olvidalo, voy a tener que seguirla. —Lo siento, no puedo darte su dirección así porque sí, ni siquiera me haz dicho para qué la necesitas… además así quisiera dártela, no estoy del todo segura… Stephan mira para todos lados, una vez más la han perdido de vista. Genial. —Papá me va a matar —resopla. —¿Qué tiene que ver tu papá en todo esto? —¿Quieres dejarte de preguntas? Vas a hacerme enloquecer —refunfuña Stephan. —¿Hacerte enloquecer yo? Tú eres el extraño que sale con cada ocurrencia, ¿esto es una clase de broma? ¿Hay alguna cámara oculta o algo así? —Solo necesito llegar a casa de Camila, es una tarea de vida o muerte y no, no le haré nada malo, solo debo… solo debo hacer una entrega por parte de mi padre… —¿Y quién es tu padre se puede saber? —Dios —replicá Stephan ya exasperado, esa chica lo está sacando de quicio en verdad. —Oh… entiendo, ¿de qué religión eres? —¿Qué? ¡No! No estoy hablando de religiones… ¿sabés que? Me voy, ya no tiene caso seguir aquí... Stephan comienza a caminar, no sabe exactamente hacia donde, solo sabe que debe buscar un lugar sin tanta gente para poder volar e irse rápidamente de vuelta a casa. A casa para que lo aniquilen de una vez. —¡Espera! —le grita la señorita pastelillos una vez más —Bien, te ayudaré… no pareces un acosador, o bueno, eso creo… —¿Entonces me dirás donde vive? —Bueno, quisiera, pero la verdad no estoy segura… —la cara de Stephan cambia por completo, debe dejar de esperanzarse con esta humana que lo único que hace es jugar con sus emociones —Pero mañana tengo clases con ella, puedo seguirla o preguntarle su dirección si eso quieres… —¿Mañana? —Falta mucho para mañana… —Sí, solo dame tu número de celular y te envio su dirección por mensaje… —No tengo celular… —¿No tienes celular? ¿En qué mundo vives? ¡Eres la primera persona que conozco que no tiene móvil! Claro a parte de mi bisabuela… —Me parece algo irreal, te desconecta de los demás. —Claro que no, al contrario, te conecta con el mundo entero… gracias a mi celular puedo mantener contacto con mi amiga que está en España, con mi tía que vive en Colombia… —Más fácil es visitarlos en persona. —Claro, como si pudiera irme de viaje todos los días… —¿Por qué no? Mia rie, este chico tiene cada ocurrencia, parece un niño. —Bueno, podemos encontrarnos en mi casa temprano mañana y de ahí me acompañas al instituto y seguimos a Camila, ¿te parece? Stephan lo piensa, realmente no tiene otra opción, sabe que su padre lo castigará de igual manera, pero si le demuestra que al menos pudo resolver su error… tal vez el castigo sea menor, quién sabe. —Bien, esta bien. —Bueno, andando… —le dice Mia caminando junto a él y llevando la bicicleta de lado. Al menos ya tiene la acción buena del día de mañana lista… —Y bueno, ¿hoy puedo hacer algo por ti? ¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre? ¿Sed? —Muero por agua —dice Stephan sin pensarlo. —Bueno, tengo jugo por si quieres —le dice ella abriendo su canastilla, nuevamente el oloroso olor a pastelillos llega a las narices de Stephan. Mia le alcanza la bebida, él se la toma en segundos. Que bebida azucarada para más deliciosa y refrescante. —Oh y tengo pastelillos, ¿quieres? Me sobraron de mi picnic… —le alcanza uno y Stephan lo devora de inmediato. ¡Que delicia! ¡Ama los pastelillos! No recuerda cuando fue la última vez que comió uno, pero de seguro en el último cumpleaños de su padre. —¿Qué tal estaba? —le pregunta Mia. —El más rico que he probado en mi vida, ¿tienes más? —le pregunta sonriente. Mia le devuelve la sonrisa y le alcanza otro, ve como Stephan lo devora nuevamente. Sonríe. Al fin un buen comensal digno de sus postres. 
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