Capítulo 4

1097 Words
¿Y ahora que haría? Se pregunta Stephan, su padre lo aniquilaría. Al menos que… ¡Brillante! Al menos qué le lance una flecha de desamor a Rodrigo y ahora si le apunte bien a Camila… Aunque se siente mal por ella, ¿por qué tendría que enamorarse de alguién como Rodrigo? —¡Ey! ¡Ladrón! —le grita la chica de los pastelillos llegando hacia él. Ay no. —¡Devuelveme eso! —Lo siento, lo siento, solo la iba a tomar prestada, lo juro. —Uy, jurar en vano… vaya que hoy tendría problemas. —No te creo nada, ¡Dámela ya! —¿Me la podrías prestar unos minutos más? —le pregunta Stephan con una sonrisa de lado. —¿Estás loco? —le pregunta ella incrédula. Vaya chico para más atrevido. —¡Damela ya! ¡Estás arruinando mi cita! La chica toma la bicicleta y se la quita a Stephan de encima, de pronto visualiza su pie aún doblado. Abre los ojos de par en par. ¿Cómo es que no se estaba retorciendo de dolor? Se pregunta. ¿Lo ayuda o regresa con su cita? Resopla, sabe que tiene que actuar de buena manera, no por nada es presidenta de la campaña de caridad de su trabajo… —¿No te duele? —le señala su pie. Stephan se da cuenta que aún no lo enderezaba. No tiene tiempo que perder. Si no va a tener bicicleta y quiere alcanzar a la pareja, tendrá que correr. —No, no, siempre me pasa, gracias por prestármela, tengo que irme… ¡Adiós! —se despide y comienza a correr tras la pareja, están demasiado lejos, pero Stephan aún mantiene la esperanza en alcanzarlos. Eso o recibir sabe Dios que castigo. Literalmente. Por otro lado, la chica de los pastelillos queda boquiabierta. ¿Qué clase de truco acababa de pasar frente a sus narices? ¿Cómo es que aquél chico pasó de tener el pie doblado por completo a pararse sin mostrar ningún rastro de dolor? Que más daba, lo importante es que estaba bien y no necesitaba de su ayuda. Además había logrado recuperar su bicicleta. Camina sin más de vuelta a su cita. Mathias se ha quedado esperandolo con todo el picnic armado. Es su primera cita, bueno, no tanto cita, cita. Han quedado recién hoy, pero ella ya lo tenía todo planeado. Mathias le parecía un chico súper interesante. Compartían gustos en casi todo, comidas, deportes, películas… — ¡Mia! —sonríe él al verla de vuelta —Te fuiste corriendo sin más, no sabía si ir tras de ti o quedarme cuidando la comida… —Descuida —le dice ella tomando asiento a su lado —atrapé al cretino en la bajada, se cayó de pronto. —Auch, eso debió doler… —Sí eso supongo, pero de no ser por su caída no lo habría alcanzado… Encima me pidió que se le prestara la bici un rato más ¿Puedes creerlo? —Debí ir contigo… ¿Y si se ponía faltoso? —No, descuida… ¿seguimos con lo nuestro? —ambos sonríen y continúan sacando las demás cosas de la canasta de picnic. —Debo admitir que cuando te fuiste me comí uno de tus pastelillos, y vaya que te quedaron delicioso —Mia sonríe, ama que la gente aprecie su comida. —Gracias, ¿no quedaron muy dulces? —le pregunta esperando que diga lo contrario. —Un poco empalagosos, pero ¿así son los pastelillos no? Siempre está bien darse un gustito… —¿Empalagosos? Mia lo mira algo extrañada, si supiera lo que se tardó preparándolos… pero después suspira, le gusta que sea sincero. Ya a la siguiente les pondría menos frosting. —Se acerca el juego de los Lakers, ¿ya viste quienes jugaran? —le pregunta Mathias metiéndose unos chips a la boca. —Sí, me parece una buena alineación para el partido… Pucha, en serio me moría por ir, pero las entradas se agotaron en minutos… —Lo sé, yo también estuve como loco ese día… —¿Y tú conseguiste? —le pregunta ella emocionada, ese partido será de los mejores. —Sí de hecho iba a ir con un amigo, pero surgió algo, así que tengo una extra… —¿Lo dices en serio? —¿Eso era una invitación o qué? —Sí, en serio. —¡Te la compro! Sabes que soy fan de los Lakers… —No te la venderé Mia, te estoy invitando… Sin más lo abraza, lo abraza muy fuerte, es de los mejores regalos que le han dado en el año. Aunque bueno no la compro para ella directamente, que más daba, igual era una entrada para los Lakers. —Va a ser genial —la mira él sonriente fijamente a los ojos. —¿Paso por ti entonces? ¿O nos encontramos allá? —Mmm… —Aunque podríamos ir de frente del trabajo, ¿o te quieres cambiar? Mia se mira la ropa, evidentemente no iría así al partido de hoy, no se había comprado la última camiseta por las puras. —Yo si me quiero cambiar… —Bueno, entonces vayamos a casa —dice Mathias mirando su reloj —falta poco para que acabe nuestro break del almuerzo… —¿Break? Yo tengo la tarde libre, creí que tu también… —No, no, escogí la tarde del viernes… En fin, entonces yo iré a cambiarme, de vuelta al trabajo y paso por tu casa a recogerte, ¿te parece? —Sí, yo creo que está bien. —Bien, nos vemos más tarde —le dice poniéndose de pie, dejando absolutamente todo el picnic intacto. Casi ni había comido. —Hasta más tarde —se despide Mia algo triste. Y es que se había esforzado realmente en la comida de hoy. Se había pasado la noche anterior preparando los pastelillos y los mini sándwiches. Y hoy al invitar a su grupo de trabajo a comer le había dicho a escondidillas a sus compañeros que pongan alguna excusa para que así ella pudiera quedarse con Mathias. Pero bueno, al menos iría a el partido ¿no? No tenía porque estar triste, si Mathias se había ido había sido para cambiarse, además se había ofrecido a recogerla de casa y de todas sus otras opciones para que lo acompañaran a ver el juego, la había escogido a ella. Esbozó una sonrisa, no había porque estar triste. Ahora si tendría una cita oficial, una cita viendo a su equipo favorito, ¿había algo mejor que eso?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD