Capítulo 3

1441 Words
Y después de una larga noche, ambos hermanos finalmente habían terminado con toda el agua de la ciudad. Pero que trabajo para más pesado y aburrido, ambos sentían que su espalda se doblaría en dos de tanto haber estado agachados. —¡Finalmente a dormir! —celebró Stephan. —Nada que dormir, mira tú tarea de hoy. Flechazo de amor a las 6 am en el parque central de Nueva York, bonita locación eh. Pero ya deberías ir volando, ya falta poco. —¿No dormiré? —Pues si sabes congelar el tiempo adelante, hazlo. —Ironizó Andrew —Yo que tú voy yendo de una vez, no me imagino el siguiente castigo de papá y esta vez no te cubriré ni ayudaré. —Pero estoy agotado… —se quejó una vez más Stephan. —Como sea, yo si tengo tareas por cumplir. No pienso arriesgarme a un castigo otra vez, voy hacia El Centro, nos vemos Stephan. Andrew se fue volando a cumplir con su mandato. Stephan resopló, realmente estaba muy cansado. Al menos en el trabajo de Daria los que estaban por morir eran los humanos, en cambio aquí, el que se sentía devastado era él. Flechazo de amor para Camila, una adolescente amante del deporte. Esta vez si iba especificado con quién se encontraría. Pablo, su ex entrenador de fútbol. Wow, esto no saldría nada bien. Según el historial, Pablo tenía muchos antecedentes de ser un rompecorazones con otras alumnas, tales como Lucía, Almendra, Gloria, incluso con un tal Román. Pobre Camila, lo que le esperaba. Después de sobrevolar la inmensa ciudad de Nueva York al fin Stephan había llegado al Parque Central, esta vez no habían nubes para esconderse y tampoco había conseguido sus binoculares, así que una vez más, tendría que bajar. Esta vez se bañaría a penas regrese a casa, para que su padre no lo oliera a humano. Al fin localizó a la pareja, iban conversando tranquilamente, vio su reloj, aún faltaban quince minutos para disparar. Stephan decidió sentarse en una de las bancas cercanas a la pareja, para así poder disparar al tiempo exacto, ni un segundo más, ni un segundo menos. No quería problemas con su padre.  De pronto visualizó a otras personas también corriendo por el parque, otras caminando con sus mascotas, Stephan saludó a un par de cachorritos, estos suelen ser como los querubines, igual de cariñosos. El parque era enorme, hectáreas y hectáreas de jardín verde, muchas personas felices a esta hora de la mañana. Otras en la tan conocida bicicleta… ese artefacto Stephan si lo conocía bien, una de sus clases favoritas había sido Deportes Humanos, en especial Deportes Extremos, aunque para Stephan, todo deporte se veía extremo… ¿Montar bicicleta sería fácil o difícil? Le provocaba mucho intentarlo, ya duplicaría una para el mes siguiente. Pasa una chica frente a sus narices casi cayendo encima de él. ´´¡Lo siento!´´ le grita ella por el susto que le dio, Stephan no responde, solo se queda analizándola. A ella y su biciceleta, está no parecía convencional, tenía una canasta en frente y unos listones en el timón. La chica por su parte, tenía una larga cabellera ondulada y una especie de boina en la cabeza, ¿A dónde iría con tanta prisa? Stephan sigue observándola a lo lejos, recién percibe el increíble aroma que había dejado, ¿a caso esos eran pastelillos? Se relame una y otra vez, solo come de esos en el cumpleaños de su padre. ¡Basta de distracciones! Se dice a sí mismo y retorna su atención en la pareja, ay no, ¿ahora donde estaban? Stephan mira una vez más su reloj, el tiempo para disparar se hace menor, los visualiza a lo lejos, estaban corriendo. Inhala profundo y se ponde en marcha, aunque el traje que tiene no es de mucha ayuda. Camila y su entrenador se alejan cada vez más. Tengo que alcanzarlos se dice a sí mismo, si no se vendría el más grande sermón de papá. Stephan sigue trotando a paso ligero, la pareja también disminuye un poco la velocidad. Mira su reloj. Quedan 5 minutos. Si lo va a lograr. De pronto la pareja se agacha, se pone en cuclillas. Ay no se dice Stephan. ¿Harán una carrera? Y sí, de pronto comienzan con el en sus marcas, listos, ¡ya! Y salen embalados como flechas. Es imposible, son muy rápidos y Stephan está demasiado cansado, ni si quiera puede intentar sobrevolar, porque el parque se ha llenado aún más y aún no aparece ni una nube. Es el fin. Mira para ambos lados, en busca de algo que pudiera ayudarlo y ahí la ve, la bicicleta de hace unos minutos, visualiza a su dueña en una banca cercana comiendo pastelillos con un chico, bastante distraída para la buena suerte de Stephan. De pronto ve como otra chica le lanza una flecha, ¿otra cupido en el Central Park? Sí si lo era. Lo sabe pues la dueña de la bicicleta comienza a ver al chico con el que va de otra manera, se le ve un brillo en los ojos aún más fuerte. Stephan sonríe, parece que esa relación si duraría, tiene ese presentimiento. Intenta pasarle la voz a la otra cupido para que lo ayude, pero ella se va de inmediato, de seguro a cumplir con otra misión. Ya sin más coge la bicicleta, su tarea se le está alejando y cada vez el tiempo disminuye, voltea una última vez para ver a la dueña de la bicicleta y esta lo ve también. Hacen contacto visual. Stephan entra en pánico y comienza a huír con la bicicleta, intentando mantener el equilibrio. No es tan difícil como creía, bueno el ser un ángel lo ayudaba, pues su peso era casi insignificante. La pendiente es cuesta abajo, eso lo ayudará. Ahora sí visualiza a Camila con su entrenador, lo va a lograr. —¡Ey! ¡Eso es mío! —escucha como le grita la chica de los pastelillos. Stephan la ignora y sigue dejandose llevar por la pendiente, siente que la velocidad incrementa cada vez más y más. Mira su reloj, quedan tan solo unos segundos. Era el momento de lanzar la felcha. Stephan la saca de su bolsillo con cuidado, va a tener que tirarla con la mano, tal como vio que lo había hecho la otra cupido, ya no hay tiempo de sacar el arco y todo. Quiere parar, pero no recuerda como se frena una bicicleta, que más da, ya después se preocupaba por eso. Está por lanzarla, entrecierra los ojos para apuntar bien, la lanza y ¡pum! Sale volando por los aires. La tonta llanta de la bicicleta se había metido a un hueco, no lo vio pues estaba muy ocupado centrando su atención en Camila. —¿Estas bien? —le dice la última mencionada. —Sí, sí, descuida —le responde él aún en el piso. La mira detalladamente, ella le sonrié. ¿Y donde carajos estaba la flecha? —Tu pie, está chueco —le indica ahora el entrenador de Camila. Stephan se ve el pie y evidentemente, está chueco, eso debería doler ¿no? —Auch —finge dolor cogiéndose el pie. —Rodrigo, hay que ayudarlo —le pide Camila a su entrenador. —Pero si dice que está bien… —No seas cruel, ¡mira su pie! Ambos siguen discutiendo entre ayudarlo o no. Stephan deja de prestarles atención, no necesita ayuda. Solo le interesa saber donde rayos quedó su flecha. Mira a Camila de arriba abajo y nada, él jura que si le había dado. —¿A caso le estás mirando el culo? —pregunta el tal Rodrigo molesto. —¿¡Qué?! Claro que no —responde Stephan. —¡Descarado! Te vi —dice molesto Rodrigo —Te iba a ayudar, pero eres un idiota, nos vamos —toma a Camila del brazo. —Rodrigo, pero… —Nos vamos dije —la jala bruscamente y antes de irse le pisotea el pie malo. Una vez más finge retorcerse de dolor, vaya eso si que debió doler. Ve los ojos de Camila, están ligeramente llorosos. Que horrible enamorarse de un idiota así… Los ve a los dos irse lentamente, chequea a Camila una vez más, en verdad no tiene nada. Pasa su mirada a Rodrigo y ay no, esto era malo, muy malo… en su nalga derecha, en esa nalga toda redonda y bien formada de entrenador… ahí estaba su flecha. Tira su cabeza para atrás de vuelta al asfalto, su padre lo mataría. De eso estaba seguro.
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