—No puedo creer que no recordaras esa lección. Obvio que se les puede lanzar flechas a los humanos mientras ven una fotografía, o mientras ven a alguien en la televisión o en una videollamada. ¿Sabes que es una videollamada no?
—Emmm —dudó Stephan. Realmente no recordaba que era eso.
—Papá va a matarte, ¡No sabes nada! ¿Cómo pasaste los cursos?
—No me gusta estudiar así, teoría, teoría y más teoría. Prefiero el modo práctico, mira —Stephan saca su cámara fotográfica —Hoy estudiaré mi cámara.
—Pues si estudiaras realmente sabrías que esa cámara ya no es moderna, las de ahora traen pantalla para ver las fotografías al instante. Eso de los rollos ya no va.
—¿Entonces por que me lo enseñan? —Resopló Stephan ya harto —Es abrumador tener que saber todo sobre dos mundos, del cielo y de la Tierra, a veces quisiera ser un huma… —Andrew le tapó la boca de inmediato.
—¿En serio quieres que papá te mate? No vuelvas a decir eso en tu vida.
—Exagerado —se quejó Stephan mientras iba por unos terrones de azúcar, directamente de La Tierra y es que en verdad La Tierra era genial, había tantos paisajes, tantas cosas modernas, tantos animales, era increíble, en cambio aquí…
—¡Stephan a mi oficina ahora! —le dijo su padre muy molesto por los altavoces. Ay no.
—¿Le dijiste algo? —le preguntó Stephan molesto a su hermano.
—Juro que no, estaba contigo.
Stephan tomó sus cosas y fue directo a la oficina de su padre. ¿Qué le esperaría ahora?
—Hola papá —saludó.
—Toma asiento —le dijo su padre con el ceño fruncido. Stephan tembloroso le hizo caso. —Dime ¿por qué has lanzado tu flecha fuera de hora? ¿Y por qué interactuaste con el humano?
—¿Cómo sabes que interactuamos?
—El olor Stephan, sabes que tengo olfato desarrollado. Sé precisamente a que hueles, a un pelirrojo barrigón, tal como Robert Parker.
—Tenía que hacerlo, ¡Era una emergencia!
—Tu tarea era sencilla, ¿quiere decir que cada día tendrás una emergencia nueva?
—No —Stephan agachó la cabeza.
—Bien, me vas a decir que fue lo que pasó.
Stephan no quería decir nada, si su papá se enteraba que no había recordado la lección de fotografías se molestaría y mucho.
—Bueno… Robert estaba viendo el periódico y realmente la fotografía no se veía desde mi punto de vista. No le iba a lanzar la flecha solo porque si… En clase nos enseñaron que debíamos saber que era lo que miraba el humano… —Mintió Stephan rápidamente, aunque en parte era verdad, esa fotografía no se veía desde su perspectiva en el cielo.
—Cambiabas de posición y ya hijo, no era tan complicado, incluso podías usar tus binoculares todo terreno, ¿los llevabas cierto?
¿Binoculares todo terreno? Stephan no recordaba tener nada parecido.
—Emmm…
—¿No has comprado tus binoculares verdades? Le dije a tu hermano que te llevé a comprar unos, ¿Dónde tendrá la cabeza Andrew? Hoy mismo vas por unos, ¿queda claro?
—Si papá y disculpa por el inconveniente de hoy, no volverá a pasar…
—Eso espero Stephan, no quiero que me defraudes. Estudia, estudia mucho hijo.
—Eso haré —le dijo Stephan poniéndose de pie.
—Bien, llama a tu hermano, dile que venga. No, no, no le digas que venga, dile que como castigo por no llevarte por tus binoculares irá a evaporar el agua de la tormenta de las 8pm.
—¿La tormenta?
—Sí, mandaré una tormenta a una playa tropical, ya les toca. Dile a tu hermano que enseguida le envió las coordenadas, tendrá que evaporar gota por gota, sin opción a reclamos.
—Yo le digo —Stephan salió de la reunión con su padre con el corazón a mil. Si a Andrew le ponía semejante castigo solo por olvidar una pequeña cosa, ¿Qué sería de él y el resto de sus tareas? No quería ni imaginarlo.
Decidió ir por otro terrón de azúcar, antes de que se acabaran. Los de hoy estaban deliciosos.
—Hola Stephan —lo saludó Daria, una buena amiga. Se habían graduado de la escuela juntos, solo que ella era un ángel de la guarda.
—Daria, ¿Qué tal tu primer día?
Ella suspiró —¡Agotador! Aún no me asignan a mi niño, ando de ayudante de otros ángeles guardianes, pero ¡wow! Vaya que los humanos pequeños son un terremotito andante, ¡Aman el peligro! Solo hoy salvamos a una pequeña de morir 7 veces ¡Siete!
—¿7 veces en un día? ¿Eso es normal? —preguntó Stephan alarmado. Y el que creía que su trabajo era complicado, el de Daria era mil veces peor.
—Es una pequeña muy traviesa, con muchos aparatos eléctricos extremadamente peligrosos, he tenido que desenchufarlos todos.
—¿Y no te vio?
—Claro que puede verme, a cierta edad pierden esa habilidad. Pero ella me ve y se burla de mí ¡¿Puedes creerlo?! ¡Qué pequeño diablillo!
—¡Wow! Se ve agotador.
—Lo sé, y solo es el primer día —suspiró su amiga metiéndose un terrón a la boca. —¿Y tú que tal hoy Stephan?
—Pues todo bien… a comparación de tu trabajo, el mío no es tan complicado…
—¿Cuántas flechas lanzaste hoy? Justo Andrew me comentó que el lanzó quince.
¿Quince?
—Yo lancé… —No quería mentir, no una vez más en el día, las plumas de las alas comenzarían a decolorarse tras tantas mentiras…
—¡Stephan! —gritó Andrew salvándolo de esta conversación. —¡Ven aquí ahora mismo!
—Creo que es tu hermano —rio Daria.
—Parece que sí, nos vemos luego Daria. ¡Cuídate!
—Adiós —se despidió ella muy sonriente.
—¿Qué pasó Andrew? Estaba platicando con Daria…
—¿Con Daria? —preguntó Andrew olvidándose de todo. Stephan sabía que a su hermano le atraía ella. Era obvio, pero jamás había dado un paso por la diferencia de edad.
—Sí, con ella. Me comentaba de su día en el trabajo… ¿Tú para que me llamabas?
—Me llegó una paloma mensajera con una dirección. ¿Qué le dijiste a papá?
—Emm…
—Stephan…
—Lo siento Andrew, no fue mi intención. Papá me puso en aprietos y tuve que confesar que no tenía binoculares.
—Rayos, ¡Tus binoculares! ¡Lo había olvidado!
—Me di cuenta… igual que papá.
—Y bueno ¿Qué quiere? Que te lleve a comprarlos y que más. ¿Está es la dirección de tú siguiente tarea o que?
Stephan no sabía como decirle pero tenía que tarde o temprano —Es la dirección de tu castigo —Stephan agachó la cabeza avergonzado de no haberlo salvado de esta.
—¿Mi castigo? ¿Me castigará por esto?
—Lo siento Andrew, en serio no tenía como evitarlo. Prometo que te ayudaré con eso.
—Bien, ¿Cuál es mi castigo?
—Evaporar toda el agua de la tormenta que mandará, gota por gota dijo papá —Stephan tragó saliva, esperando el gran sermón de su hermano.
Andrew por su parte vio las coordenadas en el papel, para ver donde sería la tormenta. República Dominicana. Clima Tropical. Oh no, esto no sería nada fácil.
—Juro que te ayudaré Andrew.
—Pues claro que lo harás y vayamos yendo desde ya, que esto nos tomará toda la noche. Prepárate para no dormir.
—¿Y mis binoculares? —Preguntó inocentemente Stephan recibiendo un empujón por parte de Andrew.
—Resuélvelo tú, ya estas grande.
Y claro que Andrew estaba molesto, no era nada justo tremendo castigo que le habían puesto por una sonsera. Si su padre supiera lo que Stephan había hecho hoy… A Andrew le daban ganas de decirle, estaba molesto con la injusticia de hoy. Pero lo dejaría pasar por esta vez, de seguro su hermano volvería a fregarla al día siguiente. Pero ya no lo cubriría más, era momento de que madure.