Capítulo 13

2401 Words
—Andrew, despierta —Stephan samaquea su hermano —Ya me llegó mi misión. —A ver déjame ver eso —le responde su hermano aún somnoliento arranchándole el papel. —¡Uy! ¡Pero que joyita tenemos aquí! Un flechazo de corazón roto en Indonesia, casi casi te niego la misión. Pero indonesia me gusta, tiene paisajes esplendidos, ¿seguro que te lo quieres perder? —Pues sí, ya sabes que no quiero que papá note mi metida de pata. —Pues déjame decirte que te perderás tu primer flechazo de desamor. —Que más da, de igual manera voy a lanzar una… —Bueno si, pero esta es la oficial… a una tal Danielle en Bali, uy, descubrirá a su pareja besándose con otra en una fiesta. Eso debe doler. —Que no quiero Andrew, disfrútalo por mí. —Bien, me voy, pero si quieres que te de un consejo. No te involucres en la vida de ningún humano, no sientas pena, eres solo un espectador. —No siento pena… —Sé que demoraste en dormir, no dejabas de dar vueltas en la cama. Si tú no lo vives que no te afecte ¿vale? —Bien. Y bueno así fue, su padre debía de tener una razón para cada cosa ¿no? Stephan se fue nuevamente a la ruidosa ciudad de Nueva York, vio la hora, aún eran las 7 en punto, faltaba todavía para tocarle la puerta a Mia. No quería molestarla, a lo mejor seguía durmiendo. Le gustaría que ella pudiera recibir palomas mensajeras, así todo sería más fácil. Resopla una vez más. El tiempo en la Tierra parece eterno, ¿Qué pude hacer para matar el rato? Decide dar una vuelta por la manzana, conocer un poco la ciudad y adaptarse al ambiente Newyorkino para no parecer un bicho raro. Pero esto no le funciona. Aquí cada persona es completamente distinta a la otra, algunos con trajes extravagantes, hombres con más apariencia de mujer que las propias mujeres, peinados locos, cabellos pintados de todo color, jamás encajará aquí. —Ey guapo, ¿te perdiste? —le dice un chico guiñándole el ojo. ¿Tendrá una especie de tic? Se pregunta Stephan. —No, de hecho estoy haciendo tiempo —el chico sonríe. —Uy bombón lo siento, no te puedo acompañar, ando tarde para el trabajo, pero si gustas podemos vernos en la noche, ve al bar Eclipse, ahí me encontrarás —le dice riendo y lanzándole una última mirada. ¿Bar Eclipse? Se pregunta guardando la tarjeta que le acaba de entregar aquél chico, ahí se indica la ubicación, pero otra vez con nombres de calles, ¿por qué tenían que complicarse todo? ¿Acaso no es más fácil poner coordenadas? —Lastima que todos los guapos ahora sean del otro bando —le dice la camarera del restaurante del frente, ella lo ha observado todo. Es una mujer, tendrá sus treinta y pico, casi cuarenta. —Hasta mi hermoso hijo ha caido, pero no los culpo, las mujeres de este mundo son cada vez más malas, ¿un café? —No gracias, no tengo dinero —le dice Stephan sonriendo. —La casa invita, te acaban de medio que rechazar… acepta mi premio consuelo. —¿Rechazar? —Pues si, está claro que tanto el chico que te piropeo como tú son pasivos, no tiene caso, en la noche cuando llegues a ese bar lo verás ligando con algún tío de cincuenta… —¿Insinúas que me gusta él? —cuestiona Stephan completamente confundido, ¿de qué hablaba esta mujer? ¡Ni si quiera lo conocía! —No se insinúa lo evidente. Ten —le da la taza de café. Stephan la toma en sus manos, ¿a qué sabrá esta sustancia tan oscura? Le da un bocado y puaj. Por poco lo escupe todo. ¿Qué es esta sustancia tan amarga? ¿Será traída del infierno? Jamás había saboreado algo de sabor tan terrible. —¿No tomas americano? —levanta una ceja la mujer —Con razón no tienes novio querido, si no tomas café en esta ciudad, estás perdido. —Tengo que irme, emm… gracias por el obsequio —le dice yéndose, aún con ese horrible sabor en la lengua, lo peor era que había ingerido un gran sorbo. ¿Cómo es que jamás le habían advertido de esa bebida en sus clases? Tomarla debería ser ilegal. Stephan camina de vuelta a casa de Mia, espera que tenga pastelillos para quitarse ese horrible sabor de la boca. Llega al departamento ¿y ahora cómo le avisaba que ya estaba allí? Ve un sinfín de timbres para presionar, ¿Cuál sería el de ella? Justo sale una señora con su perro, el le sostiene la puerta sonriente, mostrando su hilera de dientes. —Buenos días —le dice amablemente. —Pero que chico tan guapo —sonríe la señora feliz, al fin un adolescente solidario y no uno más sometido en su celular. Stephan mantiene la puerta abierta con su mano y entra por ella, ¿era el tercer piso o el cuarto? No recuerda bien, pero al ver esa maceta en forma de gato en la puerta reconoce el lugar. Mira su reloj, aún quedan 20 minutos para la hora pactada, es bastante temprano, pero que más da. Solo necesita un pastelillo o una cucharada de azúcar para quitarse ese amargo sabor. Da unos toques a la puerta, pero no recibe respuesta, decide tocar el timbre de la planta. Un muchacho abre la puerta todo malhumorado y somnoliento. Es Mathias. Él se había quedado dormido junto a Mia viendo una película. —¿Y tú eres? —le pregunta al verlo de pies a cabeza. ¿Qué hacía este sujeto en casa de su nueva novia? —Soy Stephan ¿y tú? —Mathias lo ignora olímpicamente —¿esta no es casa de Mia? —Sí, lo es, ¿Qué deseas? —Verla, la voy a acompañar a su instituto… —No es necesario, puedo hacerlo yo. —No, necesito ir yo. —He dicho que no, yo la acompañaré, además, parece que se saltará la clase, está dormida. —Quedamos en vernos ahora. —Olvídate de ella amigo, ya está conmigo y si la buscas una vez más juro que mi puño conocerá tu rostro, no creo que quieras eso. Genial, resulta que a Mia le había tocado un novio celoso, no podía lidiar con eso ahora. Necesitaba reanudar el error de ayer y seguir con su vida. Lo sentía mucho por el novio celoso y sus amenazas, pero él iba a entrar. —¡Mia! —gritó llamándola e intentando pasar por el lado de Mathias. No tenía sentido, él noviecito bloqueaba por completo la puerta —¡Mia! —¿En serio quieres una paliza no? —Mira, no quiero problemas, si crees que quiero algo con… —ni lo dejó terminar de hablar. Ya le había zampado su puño contra su cara. Stephan ni se inmuto, ¿Qué se había creído ese idiota? Mathias no entendió como soportó semejante puñetazo, le tendió otro, directo en la ceja. Nada de nada, Stephan ni se movía. Eso no era nada normal, ya iba a por el tercero, pero nuestro cupido sostiene su puño. —¿Ya fue suficiente no? —¿Estás drogado? —le pregunta Mathias incrédulo, aún no entiende como es que no esta sufriendo de dolor, su ceja ya está sangrando incluso. —Dije que vería a Mia, y tranquilo, será la última vez que me ves en tu vida, solo necesito que me ayude con algo. Mathias aún atónito por la fuerza de Stephan lo dejó pasar por su lado y entrar al departamento. Él creía que Mia no conocía a ningún hombre de su edad a parte de él. Y bueno allí estaba Mia, toda torcida en el sofá, aún dormida. Stephan vio su reloj, aún no era la hora prevista, pero al menos debería estar alistándose, o iría así al instituto. —Mia, Mia, despierta —la movió de lado a lado. Ella al abrir los ojos y encontrarse con él se despertó de golpe, ¿Qué hacía allí? ¿Dónde estaba Mathias? ¿Y por qué carajos le sangraba la ceja? —¿Stephan? —Sí, soy yo, ¿ya vas a cambiarte o irás así al instituto? Mia tomó su celular y mierda. Vaya que era tarde. Se había quedado profundamente dormida. Ayer después de una sesión de besos con Mathias habían decidido poner una película, era imposible verla sin interrupciones por parte de él, beso tras beso, beso tras beso, hasta que al fin la dejo en paz, fue al baño y pudieron culminar la película, claro quedando profundamente dormidos. —¿Y Mathias? —preguntó extrañada Mia poniéndose de pie. —Aquí estoy —dijo él saliendo de la cocina con una bolsa de papas congeladas en la frente. —¿Por qué traes eso? —Tu amiguito… —dijo señalando a Stephan. —¡Stephan! ¿Lo golpeaste? —No, claro que no, al contrario, él… —Ay Dios, ¡Vete de mi casa! —¿Qué? Pero… —¿Por qué lo golpeaste? —Que no lo golpee, esta mintiendo, ¿sabes que mentir es pecado no? —le dijo dirigiéndose al nuevo pinocho —Cuando tengas que rendir cuentas… —¿Rendir cuentas? ¿Mia de donde haz sacado a este sujeto? —¿De donde te habrá sacado a ti querrás decir? Un hombre mentiroso, arrogante y sin control sobre sí —le dijo Stephan. —¡Basta los dos! Ando tarde para el instituto, no he alistado mis cosas y tenerlos discutiendo no me ayudará, hagan silencio por favor. —¿No lo botarás de tu casa Mia? —Ya te dije que yo quedé con ella, a las 7:45, no tienen por qué botarme. —¡Silencio! Una más y los boto a los dos. —Dile a tu amigui… —Mathias en serio shh. Stephan sonríe y le saca la lengua al otro. Obvio Mathias no lo soporta y se la devuelve mostrándole el dedo medio. Stephan estudio eso en historia humana III, data la Guerra de los Cien Años, que enfrentó a Inglaterra y Francia entre los años 1337 y 1453, lo recordaba muy bien pues incluso inventó una canción sobre este acontecimiento. Los ejércitos ingleses utilizaban con gran éxito el arco. Los franceses antes de la batalla de Agincourt, en 1415, se habían propuesto cortar el dedo medio de todo arquero inglés que capturaran. Los arqueros mutilados serían enviados de vuelta a sus filas, pero ahora incapaces de ayudar en la batalla, ya que ese dedo era clave para poder disparar. En fin, la cosa es que los ingleses al ver que podían ganar la batalla, comenzaron a retar a los franceses mostrándoles el dedo medio esto en señal de burla. Convirtiéndose así este en un gesto de insulto extendido en el mundo. Pero Stephan no le ve el sentido a su ´´insulto´´, ni que estuvieran en la guerra. Después de unos minutos Mia sale de su habitación, trae el cabello mojado. Stephan la mira, si no se lo seca se va a resfriar. —Bueno ahora sí, no hay tiempo de charla, debo correr al instituto, te llamo al rato Mathi, siento tanto lo de tu frente. Después te explico todo esto. —Descuida —le responde aún con el hielo en el lugar. Vaya mentiroso. —Mia, ¿tienes más pastelillos? —pregunta Stephan llamando su atención. Bueno, no solo la de ella, la de Mathias también. No tenía idea que Mia compartiera pastelillos con alguien más. —Pues no, te los llevaste tú… ¿ya te los acabaste? —Se los tuve que dar a mi hermano… para que me cubriera hoy. —Oh, creí que te habían gustado. —¡Claro que me gustaron! De hecho me comí la mitad de la caja, creo que pequé de gula… —Bueno, ya no me quedan, ¿ya vamos? —Espera. ¿Tendrás algo dulce? ¿Lo que sea? —Mmm… no… —Lo que sea, azúcar, cualquier cosa, una señora me dio —a Stephan se le iluminan los ojos al ver azúcar en un pote. Eso de que los humanos comen azúcar a diario es verdad. O bueno, así parece. Toma una cucharada y se la mete a la boca. Mathias lo mira completamente extrañado al igual que Mia. —Pues creo que tu amigo está drogado. —No lo creo, así es él… y no es mi amigo, lo conocí ayer, solo lo ayudaré a encontrar a una chica de mi instituto. Mathias resopla —Hubieras empezado por ahí, creí que era tu ex novio o algo así… —¿Mi ex novio? Sabes bien que no salgo con chicos hace un buen tiempo, al menos desde que comencé a trabajar contigo… —No lo sabía… —¿Alguna vez te he hablado de algún chico? —Bueno no, pero eso no quiere decir nada. Mathias tampoco le ha comentado de ninguna chica antes, pero su lista de ex salientes es bastante larga a decir verdad. —Bueno, te llamo luego Mathi, gracias por… por todo, nos vemos —Mia le deposita un beso en el cachete, él la jala y le da un sonoro beso en los labios, como para que Stephan escuche, pero él va muy distraído con el azúcar. Mia sonríe, se acuerda de la noche repleta de caricias, casi casi llegan a un siguiente nivel. Pero no, aún no está lista, no habla de lista para perder la virginidad. De eso está claro que no, si no que Mathias por poco mete su mano debajo de la playera. Ella se iba a dejar llevar pero finalmente lo aparta, él lo vuelve a intentar una y otra vez, pero al final se rinde. Por lo que la noche solo fue una increíble sesión de besos. Una noche increíble para Mia y algo estresante para Mathias, el creyó que si podrían llegar a un siguiente nivel, pero bueno, sabe que le tomará tiempo, solo espera que no demasiado. —Me doy un duchazo y salgo por mi carro —Mia asiente regalándole una última sonrisa antes de gritarle a Stephan que se apurará y saliera ya.
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