Capítulo 10

1050 Words
Stephan termina los pastelillos junto a Andrew, han tenido que acabárselos para que no quede ninguna posibilidad de que su padre descubra la semejante travesura de su hijo. 6 pastelillos, 3 para cada uno, montones de montones de azúcar a la vena. —Me haz hecho pecar de gula —se queja Andrew. —Lo haz disfrutado hermano, no tienes por qué quejarte. —Bien, a lavarse los dientes antes de que llegue pa… —¡Volví! —la sonora voz de su padre rebotó en toda la habitación. Stephan corrió al baño a comerse hojas de coca, para así quitarse el olor a dulce. —Stephan, a mi oficina. —Creo que el grandulón ya se dio cuenta… —Andrew le dio dos palmadas en la espalda a su hermano. —Igual, gracias por la comida. Stephan escupe las hojas que había metido a su boca, no es posible que su padre ya se haya dado cuenta de su terrible error, aunque a quién quiere engañar, claro que es posible, si se trata del mismísimo Dios. Entra a su oficina, allí lo ve sentado en su gran silla volteado, Stephan carraspea para que note su presencia, su padre se voltea y le sonríe. —Hijo mío… —¿Qué tal papá? —Pues feliz, muy feliz, tu segunda misión y de manera exitosa, no sabes lo feliz que me pone, ten —le extiende un pastelillo que yacía sobre el escritorio. Stephan no sabe si lo hace a propósito o qué. Su padre solo le da pastelillos en los cumpleaños… —¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato? —No, no —dice negando con la cabeza —solo que… ¿Qué estamos celebrando? —Pues ya te lo dije, tu misión exitosa… me lo traje de la reunión que tuve con la Madre Naturaleza, comimos bastante y ese nos sobró, me pareció un buen obsequio para ti… ¿no te gusta? —Sí, claro que si —responde Stephan tomándolo en su mano, ama los pastelillos, pero sabe que si ingiere uno más vomitará. —Es para comer Stephan… ¿o lo vas a contemplar toda la noche? —Oh, es que acabo de lavarme los dientes, además ya cené, no quiero pecar de gula… —Tonterías, lo harías bajo mi consentimiento, te lo perdonaría esta vez, pruébalo, adelante. Stephan toma el pastelillo y lo ingiere, intenta mostrarse feliz, pero no sabe si su actuación convence a su padre. Da un mordisco y que delicia, exactamente iguales a los de Mia, solo que ligeramente menos dulces. De igual manera delicioso, se relame. —Ves que estaba delicioso, es de los mejores que yo he comido… y eso quiere decir mucho. —Bueno padre, ¿para eso me llamabas? —Pues sí, para felicitarte y bueno, conversar… ¿no puedo charlas con mi hijo? ¿O estás ocupado? —No, no, para nada. Claro que podemos charlar. —Bien, ¿Qué tal te pareció tu misión? Creí que se te complicaría, no mandé nubes a tu locación el día de hoy, era una prueba, quería ver como te la ingeniabas. —Bueno pues tuve que bajar camuflado obviamente, elegí la típica ropa de adolescentes allá… —¿Y no hubieron problemas? —Mmm… —no podía mentirle a su padre, no sabría de inmediato. —Pues sí, debí ponerme ropa deportiva, la chica a la que debía disparar comenzó a correr y bueno tuve que alcanzarla, pero finalmente logré mi objetivo —no le mintió, simplemente omitió algunos hechos, pero eso no era mentir… —Genial hijo, olvidé ponerte en recomendación lo de la ropa deportiva, pero igual lo manejaste bien, ¿no interactuaste, verdad? Dios, ¿por qué tanta pregunta? —Tuve qué, pero era eso o fallar a la misión una vez más. —Bueno, es comprensible, sabes que no esta prohibido que interactúen, solo que… procura evitarlo, ¿sí? —Esta bien padre… —¿Tienes alguna pregunta? —Mmm no… bueno, de hecho… ¿Por qué me mandaste a lanzarle esa flecha a Camila? —¿Cómo que por qué? —No creo que a su entrenador le guste ella… parece que solo quiere jugar… Lo digo por su historial… —Ay hijo, son cosas que pasan en la vida. No siempre tienen que haber amores fructíferos, no siempre te quedarás con tu primer amor… al haber una ruptura, las personas cambian, ya sea para bien o para mal, es parte del camino, no creo que lo entiendas… —Pues no… —En fin hijo, es parte de la vida… —¿Y cuándo le tocará a ese chico enamorarse? —¿Al entrenador? —Stephan asiente —Uy, falta aún para eso… ya llegará la indicada. —¿Y por qué Camila no puede ser la indicada? —Porque no hijo, la indicada le tiene que dar una lección… —Que se la de Camila… —¿Estás cuestionándome? —No, no. —Bien, entonces ya puedes retirarte. —Bien, solo que no entiendo por qué no puede ser… —Hijo —lo interrumpe —dime, ¿Cuándo un humano se va y deja a su perro en casa, el perro entiende por qué lo hizo? ¿O se desespera, se pone triste y cree que lo están abandonando? —Mmm… pues la segunda opción… —Correcto, un perro no entiende lo que un humano hace, pues sus niveles de razonamiento son inferiores, no se da cuenta que quizá el humano lo deje pues necesita ir a un viaje de negocios, a vacacionar, o a lo que sea… de igual manera, tú no puedes entender lo que yo hago, porque así quieras, así lo intentes, tu capacidad de razonamiento no puede alcanzar la mía… ¿Quedó claro? —Emmm… un poco. —Te quiero hijo, pero las cosas son así… al menos por ahora. —¿Por ahora? —Buenas noches, te mandaré tu misión de mañana en un rato. Descansa. —Ignoró su pregunta. A Stephan no le quedó otra opción que despedirse. ¿Al menos no lo castigaron no? ¿Pero que quería decir eso de los niveles de razonamiento? Si antes estaba confundido, pues ahora más. Pero de algo estaba seguro, tenía que remediar su error cuanto antes.
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