Andrew espera a Stephan ansioso, quiere saber cuál será su castigo. Una parte de él se siente triste por su hermano, pero otra no, siente que es lo justo. Su hermano tiene que aprender a ser más responsable y claro estudiar más si lo que quiere es ser un buen Cupido.
—¿Y bien? —le pregunta al recibirlo. Le parece extraño que su hermano no se vea del todo triste. Si trae la mirada apagada, pero no lo suficiente.
—¿Y bien? —le repite Stephan, no sabe a que quiere llegar el otro.
—¿Cuál será tu castigo?
—Ah, hablas de eso. Pues no hay castigo, papá no sabe…
—¿No? ¿Y para que te llamó?
—Felicitarme por mi buena misión…
—Buena misión —ríe Andrew, se sorprende de la buena suerte de Stephan, pero sabe que se ha salvado esta vez, ya meterá la pata la próxima —Si papá se enterara…
—Pues mañana mismo arreglo este asunto, solo necesito dos flechas, una de enamoramiento para Camila y una de desamor para Rodrigo…
—Y una extra para tu misión de mañana…
—Tú me cubrirás, lo dijiste…
—Dije que lo intentaría, ¿ya sabes a donde te mandará?
—No, dijo que me mandaría la misión en unos minutos…
—Pues te puedo ayudar en cualquier lugar del mundo, menos en Australia, la ultima vez que fui para allá me picotearon unos bichos.
—Pues ponte ungüento…
—No son cualquier bicho, el ungüento no combate sus picaduras, son de los más fuertes, jamás entenderé por qué papá los creo…
—Yo tampoco entiendo a papá en muchas cosas…
—¿Ya te dio la charla del razonamiento?
—Sí… ¿a ti también?
—Hace un par de años, no entendía el encarcelamiento de inocentes, la pobreza, los asaltos, millones de cosas.
—Wow, esas son más cosas para cuestionarme…
—En parte la respuesta de algunas es el libre albedrio… o sea, papá creo a todos los humanos en las mismas condiciones, sus acciones los llevaron a ser quienes son ahora, algunos buenos, algunos malos…
—¿Y sobre el enamoramiento qué? Ahí no tiene que ver el libre albedrio, uno no elige de quién enamorarse.
—¿En serio te vas a cuestionar sobre eso? Me parece lo más insignificante…
—¿Insignificante?
—Pues sí, nadie muere de amor… ¿se sufre? Sí, pero al rato el humano ya se enamoró de otro y olvida el antiguo amor…
—Claro que no, dicen que hay amores inolvidables.
—Eso es un mito Stephan, los humanos son crueles. Pero bueno, basta de charla, hay que dormir, descansa hermano. Mañana temprano me dices cuál es tu misión.
—Hasta mañana Adrew —se despide Stephan. Pero él no logra dormir, por más cansado que este, hay una pregunta que retumba en su cabeza, ¿A dónde van los corazones rotos?