El sonido insistente del teléfono arrancó a Carla del borde del sueño. Su corazón latió con fuerza en cuanto vio el nombre de Karen en la pantalla. Santiago. Se sentó de golpe en la cama, su respiración ya descontrolada. Algo iba mal. A su lado, Damián se movió ligeramente entre las sábanas, pero no despertó del todo. Carla se deslizó fuera de la cama con urgencia, tomando el teléfono mientras corría al baño para no despertarlo. —Karen, dime que no es lo que estoy pensando… —susurró con la voz tensa, cerrando la puerta detrás de ella. —Carla, es Santi… Está muy mal… —La voz de Karen sonaba aterrada—. ¡No sé qué hacer! Está teniendo una crisis y Rodrigo no está aquí, ¡se ha puesto muy mal! El aire desapareció de sus pulmones. —¡Karen, cálmate! —dijo con fuerza, aunque s

