Damián estaba sentado en el sillón de cuero de su casa, aquella soledad le servía para pensar. Y eso era lo que llevaba haciendo las últimas horas. Pensar. Pero el problema que tenía encima era serio, más de lo que pensó, necesitaba medidas urgentes para poder cortarlo de raíz antes de que queme todo, dejando solo cenizas a su paso; las luces apagadas salvo por el resplandor tenue de una lámpara que iluminaba las fotos esparcidas sobre la mesa de centro, un sobre que encontró en su casa nada más llegar, no les bastó con enviárselas al teléfono. Pero aquello no era una mala señal, porque si lo contactaban… era porque estaba abierta la posibilidad de hacer un trato, ¿no? Esperaba que esa fuera la intención. Pero también podría ser que llegaron a casa ante la gran posibilidad de que Re

