Carla se despertó en la habitación de hotel con los ojos ardiendo por el llanto y la falta de sueño. Las sábanas se sentían ásperas, y el aire era tan ajeno como su propia vida en ese momento.
Nunca pensó que se encontraría en una situación así, abandonada por el hombre que amaba, rechazada con la misma frialdad con la que alguien tira un objeto roto.
El reloj marcaba las seis de la mañana cuando se levantó. No había dormido casi nada, pero no podía permitirse llegar tarde a la oficina de Damián. El acuerdo debía concluirse, y ella quería cerrar ese capítulo con la poca dignidad que le quedaba. Miró su rostro en el espejo del baño y apenas se reconoció. Había bolsas debajo de sus ojos, su piel lucía apagada, y la expresión de su rostro delataba un dolor profundo.
Carla respiró hondo y buscó en su bolso el maquillaje que llevaba consigo.
Con movimientos automáticos, aplicó base para cubrir las imperfecciones y un poco de rubor para disimular su palidez. Optó por un vestido azul marino de tela fluida que caía hasta sus rodillas, con un cinturón fino que acentuaba su figura. A Damián siempre le gustaron sus vestidos, solía atraparlo mirándola embelesado y arroparla con sus brazos y llenarla de tantos besos, todos aquellos de los que ella creyó ser dueña. Un abrigo gris claro, con botones al frente, le daba un toque de sobriedad, mientras que unos tacones negros completaban el conjunto. No era la Carla radiante de antes, pero al menos podía proyectar una imagen de fortaleza, pero no se sentía así, se sentía destrozada.
Al salir del hotel sintió un frío repentino, como si temiera lo que iba a pasar después, pero no podía obligarlo a estar a su lado y aquel hombre lucía desesperado por acabar todo con ella.
Decirle que estaba embarazada solo parecía una táctica desesperada por mantenerlo a su lado. Y no iba a permitir que él creyera que ella quería retenerlo.
Levantó la mano para detener un taxi y, una vez dentro dio la indicación de la dirección a donde iba. El conductor intentó entablar conversación, pero Carla solo negó con la cabeza. No tenía fuerzas para hablar. Su mano, casi por instinto, se posó sobre su vientre. Acarició su abdomen sintiendo tanta ternura y al mismo tiempo tanta desesperación por las cosas que estaban pasando. Hace solo un día recibe la mejor noticia de su vida, para luego recibir otra tan desbastadora.
Cerró los ojos, intentando contener las lágrimas que amenazaban con brotar de nuevo. No hacía más que llorar, pero ¿cómo evitarlo?
“¿Cómo puede él olvidarnos tan fácilmente? ¿Cómo puede seguir adelante y casarse con otra mujer como si nada hubiera pasado?” Se preguntaba Carla, había creído que Damián la había amado todos esos años, pero ahora descubría que no.
El taxi se detuvo frente al imponente edificio, dentro todo acabaría, justo donde todo empezó.
Un nudo se formó en su garganta al notar que el cielo estaba cubierto de nubes grises. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, resbalando por su rostro como lágrimas que no podía contener.
Aceleró el paso para entrar al edificio, pero la pesadez de su cuerpo hacía que sus movimientos fueran lentos y torpes.
Estaba a punto de firmar. Un acontecimiento muy doloroso para ella.
Caminó hacia los ascensores, donde otra mujer se detuvo a su lado. Era alta, elegante y vestía un conjunto caro que parecía hecho especialmente para ella. Carla no dijo nada; ambas esperaron en silencio hasta que las puertas se abrieron.
Subieron juntas sin decirse nada.
Carla no sabía por qué, pero la presencia de esa mujer le resultaba inquietante.
El ascensor se detuvo en el último piso, y antes de que pudiera analizar más sus pensamientos, las puertas se abrieron. Carla salió primero, con pasos rápidos, pero sin fuerza, mientras su corazón latía con fuerza en su pecho.
“No voy a alargar esto. Terminaré con todo de una vez.” Intentaba ser fuerte, pero sabía que los nervios la iban a traicionar y terminaría llorando.
Se detuvo frente al escritorio de Priscila, la secretaria de Damián, quien le ofreció una sonrisa incómoda, como si supiera lo que sucedía en aquella relación.
—Buenos días, Priscila.
—Buenos días, Carla. El señor te está esperando.
Carla escuchó unos tacones, su mirada se desvió hacia la mujer que había subido con ella en el ascensor. Para su sorpresa, esa mujer se dirigió directamente hacia la oficina de Damián y abrió la puerta sin siquiera tocar. Carla la siguió con la mirada, sintiendo que algo no encajaba.
Priscila aclaró la garganta para captar su atención.
—Él te está esperando —repitió.
—Pero… hay una mujer dentro—dijo Carla.
—Sí, también puedes pasar.
Carla tomó aire y, con un movimiento firme, abrió la puerta. Sus ojos buscaron inmediatamente a Damián, pero lo que vio la dejó sin aliento. Él estaba de pie junto a la ventana, con sus manos rodeando la cintura de la mujer que acababa de entrar. El cuerpo de Carla se tensó, y una punzada de dolor atravesó su vientre.
“Ella…” Carla apenas pudo entender lo que veía frente a ella, aquella escena. Aquella mujer era Regina Velasco, la nueva prometida de Damián.
Damián no la había notado todavía, pero Regina sí. Se giró hacia Carla con una sonrisa cruel en los labios, sus ojos recorriéndola de arriba abajo con descaro. Dio un par de pasos hacia ella, su mano descansando en su cadera con una actitud despectiva.
—Quiero un café, recién hecho, asegúrate de que esté caliente, solo ponle una de azúcar y más te vale que esté perfecto—le ordenó Regina. Carla no se movió, sus ojos buscaron a Damián, pero este no dijo nada—. ¿Qué esperas? Tráeme un café. Y la próxima vez, no entres sin tocar. ¿Cómo te atreves? Acabas de interrumpir mi momento con mi terrón de azúcar—dijo, lanzando un beso hacia Damián.
Carla sintió cómo la sangre abandonaba su rostro. Balbuceó, sin saber qué responder.
—Yo no… no estoy aquí para… —intentó decir, pero las palabras se ahogaron en su garganta.
¿Su terrón de azúcar?
Ella recién iba a firmar los papeles del divorcio, pero ellos dos actuaban como si ya fuesen una pareja. Ni siquiera estaban esperando a que las cosas con Carla terminasen de verdad.
Damián, que ya había observado la escena, interrumpió la escena con frialdad.
—Ella no está aquí para traerte café, Regina.
Se dirigió al escritorio, abrió un cajón y sacó un grupo de papeles. Carla supo de inmediato lo que eran: los documentos del divorcio.
Su corazón se encogió, y el aire pareció desaparecer de sus pulmones. Su miedo se hizo más fuerte, tanto como el dolor que se iba acumulando en su pecho.
Damián dejó los papeles sobre el escritorio con un gesto seco y frío.
—Aquí están. Firma donde corresponde, y podremos terminar con esto.
—Espera… ¿tenías algo con esta mujer? —dijo Regina, señalando hacia Carla como si fuese un trapo viejo.
Carla tragó saliva, luchando contra las lágrimas que amenazaban con salir. Dio un paso hacia el escritorio, pero sus manos temblaban tanto que tuvo que apretarlas contra su abrigo para controlar los nervios.
Regina, mientras tanto, se mantuvo al margen, disfrutando de la escena como si fuera un espectáculo diseñado exclusivamente para ella. Aquella mujer tan poca cosa era la que estaba impidiendo que ella se convirtiera en la esposa de Damián, no podía creer que eso fuera real, le parecía insignificante y muy poca cosa para Damián.
Carla bajó la mirada hacia los documentos, sus ojos recorriendo las letras impresas. Tan solo a eso se resumían esos tres años llenos de amor y dolor, terminaban en un papel sin alma.
—¿Esto es todo para ti, Damián? —preguntó, alzando la mirada para enfrentarlo. Su voz temblaba, pero había una fuerza profunda en sus palabras—. ¿Así es como todo termina?
Sus ojos azules, ahora gélidos y distantes, se fijaron en ella sin emoción aparente.
—Lo sabías desde el principio, Carla. Esto no debería sorprenderte. Sigo sin entender por qué actúas de esta manera ante lo que sabías desde hace tres años.
Carla apretó los labios, conteniendo un sollozo. Sus manos temblorosas tomaron una pluma del escritorio, pero antes de que pudiera firmar, dejó caer la pluma y retrocedió un paso.
—No puedo hacerlo —dijo, su voz un susurro doloroso—. Es que… no puedo hacerlo—dejó una mano en su vientre y bajó la mirada.
¿Le iba a decir que estaba embarazada?