-¿Qué te importa lo que sienta o no sienta por ella, pequeña entrometida? -Tienes razón, no me importa- admití y le sonreí. Él estaba intimidandome y yo sonriéndole, díganme ustedes quién terminó más incómodo. Adivinen, no fui yo. -Eres tan frustrante- exclamó apartándose de mí y volviendo a su banco- A todas estas ni siquiera sé por qué me molesto. -Porque eres un imbécil- dije con obviedad. La puerta se abrió y Prudence entró cargando una pesada lámpara. La puso cerca de mí mientras Semir y yo nos medíamos en silencio con la mirada. -Creo que debes quitarte la camiseta- comentó la chica y respiré hondo, era cierto, me quité la camiseta y los ojos de Semir viajaron a mi cuerpo. Tenía una cámara Cannon en las manos y me enderecé mientras la apuntaba a el tatuaje en proceso de cicatriz

