Temprano estaba en la tienda comprando muebles. Mi espalda exigía una cama. No llamé a nadie para que me acompañara, no podía cargar a Semir con mis asuntos como si yo fuese una niña pequeña. Y volví, un par de horas más tarde, con un camión repleto de cosas de una tienda de segunda en la que enloquecí. Una linda cama de hierro con cabezal y colchón nuevo semi-ortopédico, también una nevera ejecutiva de color n***o, una lavadora de dos tiempos, un sofá en color magenta y dos cuadros de arte pop. Un par de alfombras, cortinas, una lámpara… Sí, esa gente hizo el día de ventas con mi dinero. Y luego de dar propina a los chicos que descargaron mis pertenencias y las dejaron en una enorme pila en la sala, puse música, preparé una botella de vino en una cubeta con hielo, y empecé a acomodar. No

