Me preparé en mi esquina con la vista puesta en la esquina contraria. Mi contendiente está ahí y me miraba con una mueca burlona en el rostro. Recordé la expresión de Semir cuando me avisaron que era mi turno. “No lo hagas, Sahara. No quiero ver cómo te golpean y no poder hacer nada”. Cariño, ya verás de lo que soy capaz, me aseguraría de que él no volviera a verme como una chica débil cuando lo que realmente atormentaba mi mente era el hecho de haber visto a mi mejor amigo dentro de un ataúd. Tenía las vendas en mi muñeca y me acerqué al medio luego de oír la campana. La primera lucha de la noche, cinco rounds y para la ganadora cinco mil dólares. Uno por ronda sobrevivida. Sí, no me interesaba demasiado el dinero, era más la ira que necesitaba soltar la que me impulsaba a saltar rápida

