La comisión de seguridad había llegado al pueblo Tesalia, fueron anunciados con el príncipe Bastian.
—A la puerta del templo, tocan con la batería de visitantes del reino, Sr. Así anunció la guardia de honor a los visitantes que venían desde la ciudad de Atenas en misión de política y de seguridad.
—Hágalos pasar, respondió el rey.
—Sres. representantes del reino de Atenas, qué honor tenerlos aquí, bienvenidos a la ciudad de Tesalia.
—Muchas Gracias por recibirnos, respondieron un diplomático junto a los militares que lo acompañaban.
—Muy lamentable el ataque y la pérdida que recibieron, dijo un diplomático al dirigirse al príncipe.
—Si es muy preocupante, gracias por venir, respondió el príncipe.
—Cuenten con mi apoyo y todos lo que esté a mi alcance, respondió el príncipe.
—Muchas gracias su alteza, nuestra misión es ir a las fronteras a investigar, de aquí nuestra presencia, respondió el diplomático dirigiéndose al príncipe.
—Les va a acompañar un grupo de soldados, se les va a suministrar apoyo logístico y transporte, para que cumplan su objetivo con buen fin, respondió el príncipe con expresión en su rostro de satisfacción por la llegada de los visitantes.
—Por favor pasemos a la mesa, indicó el príncipe.
Era la hora de almuerzo, la mesa está servida, con expresión de amabilidad, así anunció el ama de llave del castillo.
Todos entraron al comedor, de último entró el príncipe. El príncipe tomó asiento, y después le siguieron los invitados.
Mientras comían, un grupo de soldados se alistaba para salir en compañía de los visitantes del reino de Atenas.
— ¿Qué planes tenemos capitán en vuestra misión?, preguntó Bastiaan, mientras llevaba un bocado de carne a su boca.
— Con su permiso, su alteza, creemos que estamos por vivir una invasión por parte de los bárbaros, el ataque que recibieron sus soldados, así lo reflejan. Y los rumores son cada vez más cierto. Dijo el capitán de Atenas.
—Entiendo, vienen tiempos difíciles, dijo el rey mirando a los presentes.
— Debemos prepararnos para que no nos cojan desprevenidos, debemos estudiar muy bien a que nos enfrentamos, indicó el capitán de Atenas.
—Debemos solicitar apoyo a Esparta, en caso de ser necesario, dijo el príncipe.
—Así será su alteza, debemos unir esfuerzos.
—Todos los reinos fueron comunicados con lo sucedido en frontera y ya están advertidos. Dijo el teniente más antiguo.
—Gracias por la información Teniente, respondió el príncipe.
— Antes de irse, quisiera que visitaran a nuestro soldado sobreviviente, y observen con detalle el estado en que se encuentra. Se van a llevar una fuerte impresión y verán a que nos enfrentamos. Dijo el príncipe Bastiaan, mirando a sus invitados y analizando cada una de sus pupilas.
Era evidente, que los soldados de Esparta, no temían a la muerte, estaban preparados psicológicamente para afrontarla, y aunque Atenas, no contaba con numerosos ejércitos, no se podía negar, que eran hombres de batalla y dispuesto a darlo todo por su reino.
Terminado el banquete, se levantaron de sus sillas y el príncipe se dirigió a sus invitados.
— Por favor, vengan, hagamos una visita de cortesía a nuestro valiente y sobreviviente soldado.
—Todos se miraron a los ojos y por lo que había dicho el príncipe, verían algo terrible.
—Soldado tenemos visita, indicó Bastiaan al ver al valiente sobreviviente levantarse de la cama con un solo pie.
—Alteza que gusto, ¿quiénes son?, preguntó el guardia.
—El primero en entrar fue el capitán, quien respondió la pregunta del soldado— En hora buena valiente soldado, venimos del reino de Atenas en una misión de seguridad y al ver su estado de salud, respondió el capitán, con una expresión en su rostro de dolor.
—Gracias capitán bienvenidos. Respondió el soldado sobreviviente.
—Eres el único sobreviviente al ataque, nos dicen, dio el capitán muy sorprendido al ver el estado del soldado.
— Y sin tanto preámbulo y sin mediar más palabras, el valiente soldado narró su experiencia, vivida, íbamos unos a caballo y otros caminando, yo me encontraba de último en la formación, cuando de pronto tres hachas bien afiladas salieron volando de manera sorpresiva en el camino, mutilando la cabeza de los dos primeros caballos, los hombres que iban en ellos cayeron de inmediato y finalmente salieron tres hombres como de dos metros de estatura, corpulentos, tenían cabellera larga y barbas largas, eran como guerreros salvajes, sus rostros eran pintados de n***o con rojo y sus ojos parecían evocar al mismo demonio. Al ver que mis compañeros salían despedazados como carnes de almuerzo en porciones, decidí esconderme entre los matorrales, pero fui descubierto y un hacha muy afilada alcanzó mi perna izquierda. Iban a hacer las dos piernas, los brazos y la cabeza, pero fui salvado por los Dioses, de pronto una estampida de toros salvajes pasaba por lugar matando a dos de ellos sorpresivamente, mientras el tercero era aplastado y triturado por la estampida de animales feroces. Uno de los caballos sobreviviente se me acercó, me reconoció, y no sé como pude levantarme, al principio no sentía nada, solo veía mi pierna tirada en el piso y no paraba de sangrar, decidí quitarme mi atuendo y medio forzar hice un torniquete para detener la hemorragia, subí el caballo casi que arrastrándome hacia él, pero se me hacía imposible con un solo pie, en el segundo intentó fallé, y fue cuando saqué fuerzas de donde no tenía y al ver la expresión del rostro del caballo, sentía que me decía —Tú puedes soldado, vamos que tú puedes.
Finalmente, a la tercera era la vencida, di un salto en un pie y pude alcanzar a medio montar, hasta que fui recuperando una mejor posición, pero mis ojos parpadeaban y el aire era poco, hasta que perdí el conocimiento. Anduve por los caminos sin estar consciente y saber de mí, eran los dioses que me llevaban en un barco. Estaba sumergido en un sueño, donde la embarcación guiada por Poseidón nos conducía por el mar de Egeo, alejándome del mar turco y de todo peligro de los enemigos. El dios me habló:
- Te hemos elegido porque, eres tú quien deba llevar el mensaje a tu reino, dijo el dios de los mares. Y de pronto me vi con mis dos piernas, caminando hacia proa, observaba que estaba más cerca de nuestros mares, a lo lejos, pero no tan lejos, se veía el palacio y sentí que había llegado a casa.
— Cuando desperté, vi a un grupo de mujeres del servicio atendiéndome y príncipe se encontraba a mi derecha, esperando a que despertara. Fue una felicidad muy grande ver a su alteza a mi lado.
Conté lo sucedido y todos en palacio, quedaron muy sorprendidos con mi experiencia vivida, recibí flores, muchas personas venían a visitarme y todos hablaban de lo sucedido.
— Muy valiente y admirable soldado, definitivamente los Dioses te guiaron hasta aquí, estás bendecido soldado, a pesar de tu condición.
Todos dieron una batería de júbilo al soldado y dieron las gracias por la información suministrada.
Finalmente, todos se despidieron del valeroso soldado y fueron saliendo uno a uno, hasta quedar solo con las enfermeras que lo atendían.
El príncipe los acompañó al patio del palacio y ahí los esperaba un grupo de 5 soldados, caballos y provisiones para el camino.
Muy agradecidos con la hospitalidad del príncipe, se despidieron muy cortés y cada uno cogió un caballo y se unieron a la cruzada. Abrieron las puertas y todos salieron en compañía, iban camino al sureste, a la frontera con Turquía.
Decidieron que el camino a tomar debería ser diferente al que tomó la compañía de soldados que fue atacada, por razones de seguridad debía ir por las montañas y así visualizar desde lo alto todo alrededor, de esa manera descendería poco a poco hasta ir visualizando la mejor manera de llegar sin ser vistos.
Todo marchaba, según lo planificado, sin nada que lamentar, ni peligro aparente.