El rey Helios se encontraba solo en su despacho, mientras escribía y pensaba sobre como había crecido y prosperado su reino, recordaba el conflicto que, desde muchos años atrás, le tocó vivir con su padre, él aquel entonces Rey Alcanden.
Su padre murió peleando y fue atravesado por una lanza de un guerrero espartano. Aquel conflicto duró mucho y le costó no solamente la vida del rey, sino gran parte del ejército de Atenas fue aniquilado en ese entonces, quedando con muy poco soldados. De ahí que Atenas, no cuenta con un ejército numeroso, como es el caso de Esparta.
Muchas fueron las horas interminables de ese tan lamentable conflicto, que casi destruye a Atenas por completo.
Esparta salió victoriosa de este conflicto, ganando terreno y control de las tierras.
Sin embargo, Esparta no logró entrar a las murallas de Atenas, no se les permitió. Al ver que sus vecinos estaban en baja, decidieron retirarse del terreno, porque ya habían ganado la guerra y por honor, así lo hicieron.
Los Espartanos eran hombres de honor y cumplían sus promesas, también eran muy caballeros a pesar de su carácter agresivo, tenían ética, valor y principios.
Ya habían logrado conquistar y tener dominio de Esparta, era el objetivo, ellos necesitaban tener una ciudad, donde sus costumbres prevalecieran y sus ejércitos crecieran.
El rey Helios, recordaba cuando joven, como moría su padre en batalla y como llegó a hacer rey en tan corta edad.
Aunque ambas formaron parte de la Antigua Grecia, la autonomía con la que se manejaban hizo que priorizaran aspectos muy distintos para su desarrollo. Los valores, estilo de vida y cultura de cada una eran tan distintos que difícilmente podían converger.
Atenas, por su parte, con una historia de más de tres mil años, nació junto al desarrollo de la navegación marítima del puerto de El Pireo. Es reconocida universalmente como la cuna de la Democracia. También fue un importante centro cultural en el que vivieron los más grandes artistas, escritores y filósofos de la antigüedad.
Esparta ató su desarrollo al estudio y perfeccionamiento del arte de la guerra. La férrea disciplina y un estricto código de honor eran inculcados a los niños, casi desde su nacimiento. Los que pasaron a la historia, fueron los de grandes guerreros como el rey Leónidas o el rey Menelao. Otra de las, era la considerable libertad y poder que alcanzaban las mujeres en esta sociedad, muy superior a otras regiones en la misma época.
Tal como el agua y el aceite, Esparta y Atenas avanzaron en su desarrollo, convirtiéndose en los más grandes focos de poder de la Antigua Grecia, por motivos muy distintos. Las principales diferencias entre Esparta y Atenas, se movían en torno al concepto de guerra y desarrollo humanístico. Para Esparta, lo primero fue siempre la razón de ser, mientras Atenas se enfocó en lo segundo. Atenas basaba su economía en el comercio y la agricultura. Esparta no comerciaba. Sus relaciones con los otros estados se reducían a proporcionar un ejército y asistencia cuando se lo solicitaran.
Atenas era una potencia marítima y tenía pocos soldados, ya que el servicio militar no era obligatorio para sus ciudadanos. Esparta era la mayor fuerza militar de Grecia, porque los espartanos estaban obligados a cumplir un duro entrenamiento militar desde la infancia. Las niñas atenienses no recibían prácticamente ninguna educación, mientras que las espartanas sí, gozando además de muchos más derechos, libertades, e incluso poder político y económico.
Esparta se enorgullecía de no tener murallas. Atenas protegía su ciudad y sus templos con muros.
En Atenas se hicieron prioridad las artes, la literatura y la arquitectura, construyendo templos y estatuas. El estilo de vida rígido de los espartanos dejó poco tiempo para desarrollar este tipo de intereses.
Atenas era protegida por Atenea, una de las principales diosas de la mitología griega, mientras que Esparta, aunque tenía templos dedicados a esa diosa y veneraba a Heracles y otros héroes de la Guerra de Troya como si fueran dioses, tenía en el centro de la ciudad un gran templo dedicado a Ares, el dios de la guerra.
A las puertas del despacho tocaban la puerta con dos toques.
— Pase, decía el rey
—Su majestad, acaba de llegar uno de los mensajeros que había sido mandado hace dos días, para la entrega de la convocatoria a las Olimpiadas. Anunció uno de los guardias.
—Hazlo pasa, ordenó el rey
—Con su permiso majestad.
—¿Qué noticias nos trae?, preguntó Helios.
—Mientras venía de regreso me topé con un grupo de soldados y mensajeros que llegaron a la ciudad de Beocia, informó el mensajero.
—Muchas gracias por informar, Helios respondió amablemente complacido con el mensajero.
—Mientras entregaba el mensaje, ya estaban fijando los carteles del anuncio de las olimpiadas, mi majestad, se veían muy contentos allá, dijo el mensajero.
—Excelentes noticias, respondió el rey.
—Con su permiso, mi majestad, respondió el muchacho, dando media vuelta y con mira a la salida del despacho.
—Bien pueda, muchacho, respondió el rey.
Helios se encontraba a la mitad de una carta y decidió continuar con la misma.
—Capitanías de las provincias, Sres. feudales y terratenientes, príncipes y demás dignidades políticas, cuerpo de diplomáticos. Yo el rey Helios les hago un llamado a la unidad territorial, ahora más que nunca, necesitamos mantenernos unidos, se avecinan tiempos difíciles para Atenas y el resto de las ciudades. Como bien saben, en el sur de Tesalia, hacia el sur, en frontera, fueron sorprendidos y atacados la guardia del Príncipe Bastian de la capitanía de la tribu de Tesalia. Los soldados se encontraban en misión de exploración y misión de reconocimiento del lugar, cuando unos hombres blancos y con cabellera larga, devastaron y mutilaron a su compañía, quedando vivo, un soldado, quien fue, quien informó de lo sucedido.
—Hago extensivo un abrazo fraternal para la gran comunidad de Grecia y quienes conforman las provincias, las ciudades, para que unan en comunicación constante entre los reinos. Cada dos días se están enviando mensajeros a cada rincón o ciudad, para conocer su situación, con el fin de verificar el estado y la integridad de sus tribus. Les aconsejo que hagan lo mismo y así poder mantener la comunicación entre ustedes.
—Unidos, jamás seremos vencidos, concluyó el rey con aquella frase épica de unión y fraternidad.
—Sin más que agregar se despide Helios, Rey, desde la ciudad de Atenas.
—P.D.: Recuerden que en apenas un mes se estarán celebrando los juegos olímpicos. ¡Los esperamos!