—Buenas tardes, Sr. vengo del reino de Tesalia del Sur, para entregar un mensaje al rey.
— Yo se lo entregaré, respondió el consejero.
—Por favor firme aquí, respondió el mensajero
Marcus firmó la hoja y colocó su sello donde certifica que es consejero Real.
—Muchas gracias Sr., con su permiso, respondió el mensajero, retirándose del palacio real.
Al abrir la carta, y leyendo entre líneas, observó que se trataba de una mala noticia.
La carta decía:
Su majestad el rey Helios, nuestra expedición de soldados fue atacada por hombres blancos con cabelleras largas a medio vestir, mientras recorrían sur abajo hacia las fronteras, según la descripción eran bárbaros, posiblemente del norte, solo unos de los soldados logró escapar e informó sobre lo acontecido.
Atentamente
Príncipe Bastiaan, capitanía del Sur, Tribu de Tesalia.
Marcus guardó la carta en el bolsillo en su saco y sus pies los condujeron al despacho Real. Al llegar alzó la mano y el soldado tocó la puerta con tres toques, que significaba: urgente. Y sin esperar hacer anunciado, la puerta fue abierta de inmediato, el rey se levantó preocupado, mirando fijamente a Marcus.
—Qué sucede Marcus?, preguntó el rey.
—Malas noticias Majestad, acabo de recibir noticias del Sur de Tesalia, una expedición de soldados fue atacada al sur de la frontera, pudo sobrevivir un soldado. Al parecer por la descripción: eran blancos, con cabelleras largas a medio vestir.
—Fueron atacados por los bárbaros Marcus. Nos están pisando los talones. Respondió el rey con voz alterada.
—Convoca al consejo de inmediato, debemos informar a las demás ciudades de lo sucedido y prepara una expedición de reconocimiento que se acerque al lugar donde acontecieron los hechos.
—Si su Majestad, de inmediato. Con su permiso.
Marcus salió disparado del despacho como lanza olímpica y llamó al capitán de la guardia.
—Capitán, reúna a todos, se convoca a un consejo de guerra en el salón de recepciones, respondió con vos de mando el consejero.
—Sí, Sr. de inmediato. ¿Qué sucedió?, preguntó con mucha curiosidad el capitán.
—Una expedición de la ciudad de Tesalia, que se encontraba en el sur de la frontera, fue atacada capitán, los detalles se darán en el consejo.
—Si Consejero, con su permiso, me retiro.
En eso venía pasando personal de servicio y el consejero llamó la atención de la muchacha.
—Por favor, tráigame una tasa de café grande con leche batida, voy a estar en el salón de recepciones, dijo Marcus en un tono de voz suave.
—Si Sr. Consejero, enseguida, permiso. Respondió la chica del servicio con voz amable.
Marcus se dirigió al salón de recepciones, que se encontraba a la izquierda, cruzando el pasillo, después del despacho real.
Comenzaron a llegar los nobles, los representantes de las diferentes cámaras y demás representantes de la asamblea política y diplomática. Luego entraron filósofos, y matemáticos.
Hicieron entrada al salón el capitán y los soldados de alto rango, que eran pocos, ya que Atenas, no contaba con un ejército muy grande.
Al final entró la muchacha del servicio con el café para el Sr. Marcus.
—Sr. su café, como lo pidió.
—Gracias, respondió el consejero, mientras bebía un sorbo de su café.
La muchacha del servicio se retiró y tuvo la leve sospecha de que, algo sucedía, pensó.
Finalmente, el rey hizo su entrada y todos se inclinaron ante su presencia.
El rey Helios se sentó en su trono y esperó a que llegara el resto del los convocados.
Faltaba el príncipe Demetrius. Nadie sabía, al parecer, donde estaba.
Todos comentaban entre sí sobre la noticia, y los hechos acontecidos en la frontera del Sur de la tribu de Tesalia.
El rey decidió que era el momento de dar inicio, por lo que hizo señas a su consejero, que sonara la campana y llamara la atención de los convocados.
Inmediatamente, Marcus sonó la campana de aviso, haciendo sonar tres veces y dijo unas palabras.
—Su ¡Atención!, por favor, y miró al rey. El rey hizo señas que, comenzara él con la reunión.
Marcus sacó la carta de su traje y dirigiéndose al público congregado, dijo:
— Como bien saben, se le convocó a esta reunión, porque esta mañana, recibimos malas noticias sobre un ataque. A continuación leyó la carta.
— Su majestad el rey Helios, nuestra expedición de soldados fue atacada por hombres blancos con cabelleras largas a medio vestir, mientras recorrían sur abajo hacia las fronteras, según la descripción eran bárbaros, posiblemente del norte, solo unos de los soldados logró escapar e informó sobre lo acontecido.
Atentamente
Príncipe Bastiaan, capitanía del Sur, Tribu de Tesalia.
Finalizada la lectura, se escuchó una algarabía que retumbaba todo el salón.
El rey miró a su consejero e indicó que sonara nuevamente la campana.
Todos callaron y el rey se levantó.
—Sres. La noticia es alarmante, como bien sabe, se nos había advertido, que los bárbaros atacarían, lo que no sabíamos cuando y donde, anunció el rey con fuerte y clara dirigiéndose a su audiencia.
Continuó hablando el rey.
—Debemos mandar una comisión de soldados en misión de reconocimiento, para que investigue.
—Tiene la palabra el Sr. Homer de la cámara del consejo, quien tenía la mano alzada pidiendo la palabra. Expresó el consejero.
—Recomiendo que se tome en cuenta al gobierno de Esparta y se le informe al respecto.
El rey intervino, diciendo:
—Se extendió un comunicado a los diferentes reinos de Grecia, para que estén al tanto de lo sucedido, sin embargo, considero, que la comisión designada para este fin, parta hoy mismo y se preparen para salir antes del atardecer, deberán hacer escala en la ciudad más cercana.
Otro político del consejo, alzó la mano y pidió la palabra. Era el Sr. Guiles, representante del consejo.
—Tiene la palabra Sr. Guiles, dijo el consejero.
—Debemos construir torres de control y montar alcabalas en esos espacios para puestos de vigilancia día y noche, dijo
En el fondo se escuchó el sonido de una palmada, era el capitán de la guardia real, el Sr. Juliun, quien pedía la palabra.
—Podéis habar Sr. Juliun, dijo el consejero.
—Primero es llevar a nuestros hombres a estas fronteras en misión de reconocimiento, no podemos alertar al enemigo que estamos ahí. No deben saber de la presencia de nuestros hombres, por lo que no se recomienda hacer construcciones, ni montar puestos de vigilancia, dijo el Capitán.
Intervino el consejero esta vez diciendo:
— Estoy de acuerdo con la opinión y la recomendación del capitán Juliun, debemos ir muy sigilosos con la finalidad de investigar y saber cuáles son el movimiento del enemigo. Por mi parte, recomiendo que esta tarea se enviase a grupo de mensajeros para que distribuyan más rápido el mensaje, de esa manera garantizamos que el mensaje llegue a los interesados y no que caigan en manos equivocadas.
El rey intervino, dirigiéndose a su consejero:
—Me parece, que para esta misión debe haber personas pensantes, por lo que designo al capitán Karnsten como principal, y a los tenientes de mayor antigüedad. Y no podían faltar los mensajeros, al menos dos mensajeros, para un total de 5 personas. Una vez entregado los mensajes, los mensajeros deberán retornar para informar aquí.
—Así será Majestad. Luego se dirigió a la audiencia diciendo las siguientes palabras:
—este es la orden de rey, procedan según lo acordado. Si alguien quiere agregar otra información o brindar su opinión, lo puede hacer ahora, de lo contrario, queda concluida esta reunión, hasta un próximo consejo.
Hubo un minuto de silencio y más nadie participó.
—Queda concluida la reunión del consejo. Anunció con voz firme el consejero.
El rey se levantó de su trono y todos se inclinaron mientras pasaba.
Finalmente, fueron salieron por orden de jerarquía y rango.
La comisión de seguridad, partía desde la ciudad de Atenas y se disponía a cruzar las murallas de la ciudad con dirección al sur, vía a Tesalia, en donde contactarían al príncipe Bastian, para solicitar apoyo logístico y algunos recursos milicianos.
El camino era largo, el sol brillaba en el firmamento, la comisión iba a caballo, cinco caballos entonaban el paso sincronizado, cabalgando por las planicies, para luego incorporarse colina arriba, en busca de las montañas. Cruzarían grande Alpes y montañas antiguas, formadas por millones de años de historia y cultura. Desde las alturas se podía apreciar toda la ciudad, como a un mirador de ilusiones paisajista, con la frescura y los olores del mar Egeo, bordeaban alrededor contemplando tan espectacular vista. Era como estar en la cima de la gloria misma.
Todo guerrero sentía la gloria como a las alturas mismas, era como mirar abajo y ver el fruto de tus victorias. La sed se asomaba por el rostro, y la sequedad de sus labios palidecía su mirada.
Decidieron continuar, pero esta vez vieron un arroyo, su sonido se hacía cada vez más cerca. Se detuvieron y bajaron de sus caballos para beber del agua del manantial. Los caballos también bebieron del agua y luego retomarían su camino.
En una abrupta y rocosa comenzaban a descender por una pendiente con una leve inclinación, parecían ser un viaje de turismo o placer, hacía buen clima y era fresco a pesar del sol, aunque debería acelerar el paso para llegar cuanto antes a la ciudad más cercana y refugiarse, no había necesidad de tomar riesgos en esta misión, por lo que debían llegar sanos y salvos a sus destinos.
Eran las dieciséis horas de la tarde, el atardecer se acercaba y con ella el camino se hacía cada vez más corto hasta encontrar la planicie. Aunque faltaba un día de camino, era necesario descansar, pero no, si antes llegar a la ciudad de Beocia, donde lo recibirían con tabernas y posadas, buenos vinos y buenas mujeres.
Al entrar a la ciudad entrarían por un gran arco artístico tallado en piedra, con un letrero escrito en Griego que decía: Bienvenidos a la ciudad de Beocia.