La Antesala a las Olimpiadas

1635 Words
Atenas se caracterizaba por su gran potencial en puertos marítimos, que aprovechaban muy bien para el comercio. El servicio militar, no era obligatorio en la ciudad, por lo que se enfocaban en construcciones de murallas altísimas para resguardar la ciudad. En cambio, en Esparta, no había muros, ni murallas, desde muy niños, se les enseñaba el famoso arte de la guerra, eran una potencia militar, por lo que, muchas ciudades solicitaban sus servicios de seguridad. El mensajero llegaba a la ciudad, con noticias de Esparta. Lo recibía el consejero del rey, su mano derecha en asuntos políticos. Se acercó al consejero del rey y con orgullo de haber completado su misión, se dirigió al consejero con un tono de voz alto, pero amable. —Sr. Marcus, traigo noticias de Esparta. —Ya era hora, respondió el consejero, cuéntame que le dijo Alexandre, ¿aceptó la invitación?. —Si Sr. aceptó y confirmó que venía. —Muy bien hijo, gracias por la buena noticia. Te compensaré con un fin de semana en los mares de Marsella con los gastos pagos. —Muchas gracias Sr. muy agradecido con tan amable gesto de su parte. Respondió con mucho júbilo y una sonrisa marcaba su rostro de felicidad. —Te lo has ganado, respondió. El mensajero se dio la media vuelta y se marchó. Marcus, se sentó en el jardín real a meditar sobre la noticia de que venían los Espartanos a Atenas, desde hacía más de 27 años, que no pisaban estas tierras a raíz del conflicto que había surgido entre las dos ciudades, de ahí la separación territorial, en donde cada quien adoptaría su propio sistema de gobierno o mejor dicho, su estilo de vida. Marcus reflexionó, sobre estos y otros detalles del pasado. Una vez finalizada su meditación, decidió abrir un libro, cruzó la pierna con elegancia y se dispuso a leer. En esas lecturas Marcus sacaba su pluma y tomaba notas, de ahí surgía ideas, discursos, ejemplos. Como era muy bien sabido, Atenas, era una ciudad ilustrada, la cuna del arte, la filosofía, y el comercio. —Se escuchaban rumores sobre una posible invasión, que destruiría por completo a la ciudad, sin embargo, para Marcus, había muchos caminos, eso pensó. También pasó por su mente, que —todo podría ser cierto, claro y¿por qué no?, pero si la invasión es falsa, y es solo para crear un rumor, con el fin de unir lazos, de crear las circunstancias y sacar provecho de ellas. —Demetrius, era un hombre con mucho poder y riquezas, y contaba con mucos aliados estratégicos, pero su personalidad era muy ambiciosa, y no se bastaba con lo que tenía, siempre quería más. —Por muchos años, Demetrius, fue el aliado incondicional de Atenas y amigo personal del rey Helios, por lo que hacer cometarios sobre aspectos negativos del príncipe, no era lo usual, pero como asesor, debo suponer en todo, opinó. Terminó de hacer sus anotaciones en su diario personal, se levantó, giró levemente su dorso y dio unos pasos al frente, buscando el estudio o despacho, donde seguramente estaría el rey Helios. El rey se encontraba redactando una carta para la conmemoración de los juegos olímpicos de Atenas. Y mientras escribía, alguien tocó la puerta del despacho. --Adelante, pase, respondió el Monarca. — Marcus, bienvenido, por favor siéntate. — ¿Tenemos noticias de Esparta?, preguntó el monarca. —Si Majestad, Alexandre confirmó la participación de los juegos. —Excelente, todo marcha según lo planeado, dijo con vos alegre y una expresión en su rostro de festividad. —Celebremos con dos copas de vino tinto, querido amigo, así respondió el rey muy contento. Marcus aceptó la copa que el rey le daba y juntos brindaron. —Por Atenas y su emancipación. A la que respondieron después con la frase épica. —! Fuego!. Ambos bebieron del mejor vino y se miraron a los ojos. —¿Qué te preocupa? Preguntó el rey a Marcus. —Nada Helios, en realidad nada. —Babosadas, te conozco como si fueras mi hermano, dijo el monarca con la confianza que perdura los años. —Como va con la redacción Majestad, preguntó el consejero, para cambiar de tema. —Si miras el piso, verás, la cantidad de borradores, que he desechado, respondió. —Su mensaje debe ser simple, discreto, pero emotivo, que trasmita la esencia del deporte y la competencia, majestad. — Para ti, todo es muy fácil, dijo y de boca salió una enorme sonrisa, seguido de una carcajada. — Ambos rieron y luego bebieron del sorbo que les quedaba en el fondo. Volvieron a tocar la puerta. Y el rey respondió: —¿Quién llama?, es el príncipe Demetrius, anunció uno de los guardias. — Pasa Demetrius, respondió el rey. —Bienvenido, ven y tómate una copa con nosotros, dijo el rey — ¿Y qué celebramos majestad?, preguntó el príncipe. Saludó al consejero con gesto en su cabeza y luego tomó la copa de vino que le ofrecía el rey. —Esparta confirmó su participación en los juegos, respondió el rey. —! Oh!, qué bueno, lo derrotaremos en el campo, respondió con vos sarcástica y una expresión en su rostro risueña. —Todos rieron y bebieron. —Demuestra de que estamos hechos Demetrius, así respondió el rey al darle créditos a Demetrius. —Marcus observó la confianza plena que depositaba el rey en el príncipe. Marcus se levantó del asiento y se disculpó. —Con su permiso, debo irme a resolver unos asuntos. Asintió con su cabeza y se retiró, dejando la copa a media a tomar. —Por favor Demetrius, que saquen copia a este escrito y que publiquen las pancartas sobre la participación de los juegos olímpicos. Ordenó el rey —Enseguida majestad, con su permiso. Dio media vuelta y soldado le abrió la puerta al escuchar que se retiraba del despacho real. Demetrius guio sus pasos por los pasillos del palacio, bajo las escaleras más largas que conducían al nivel más bajo, al siguiente piso, pasó por un amplio salón y siguió hasta cruzar un arco decorado y artístico. Siguió caminando hasta llegar a una sala de imprenta, que se encontraba en un área fuera del jardín. Ahí estaban las máquinas de vapor y mecánicas para las imprentas y todo lo relacionado con el papel y los pergaminos. —Por orden expresa del rey, sacar pancartas con relación a lo escrito, indicó dando instrucciones el príncipe. Lo entregó al Maestro encargado, le dio las gracias y se retiró. Pasaron los días y ya podía apreciar las llamativas pancartas, anunciando los juegos olímpicos de Atenas, en muchas ciudades había llegado la comunicación, en donde se le invitaba a participar en los juegos deportivos. Cada cuatro años se celebraban los juegos Olímpicos. Los juegos olímpicos, era una gran oportunidad para el comercio, aunque su principal objetivo siempre fue unir lazos entre naciones con el fin de limpiar asperezas, en una sana convivencia de reglas deportivas. Un padre y su niño pasaban por el lugar y vieron la pancarta. —¿Qué dice ahí, hijo?, podrías leerme algo por favor —Claro que si padre, respondió el niño con mucho respeto. El letrero dice, que sean todos invitados a participar en los juegos olímpicos, que tendrá sitio en la ciudad de Atenas. Las inscripciones estarán abiertas para participar a partir de la próxima semana, teniendo una duración de 14 días consecutivos a partir de la fecha de dicha publicación. Una vez culminada la lectura del niño, el padre tomó de la mano al menor y lo condujo a unos banquetes que se encontraban en una plaza pública del mercado. —Sentémonos aquí, respondió el padre a su hijo. Se sentaron y el niño preguntó —Desde cuando existen se celebran los juegos olímpicos y quien lo había inventado, preguntó. El padre, muy atento a lo que el niño preguntaba, respondió — fue Heracles (Hércules) quien llamó Juegos Olímpicos a una serie de eventos deportivos en honor a su padre Zeus. Después de completar sus 12 trabajos, construyó el estadio olímpico en su honor. Los académicos sitúan la fecha de su primera celebración entre los años 884 y 704 a. C., si bien su cenit fue del VI al V a. C. Cuando las diferentes ciudades estado griegas (polis) entraban en guerra y llegaba el tiempo de los Juegos Olímpicos, la citada guerra se suspendía para de esta forma permitir su celebración, dado el profundo valor religioso que revestían. Los antiguos Juegos, que combinaban pruebas de atletismo con otras de tipo artístico (poesía, danza y canto), alternaban la competición con sacrificios y ceremonias en honor a Zeus y Pélope (héroe divino y rey de Olimpia). Los mejores ciudadanos se batían por la fama y una modesta corona de laurel. —Quien lo diría, que el hombre más fuerte de Grecia crearía estas competencias, respondió el niño. —Le gustaba competir y demostrar quien era el mejor, supongo, dijo el niño. —Es así hijo, en estas competencias, se muestra quien es el mejor en representación de una ciudad o nación, dijo el padre. —Prosigamos y seguimos conversando en el camino, que tu madre espera por estas verduras, dijo el padre. —Los primeros 13 juegos, el único deporte en el que competían los participantes era correr. Después hubo un pentatlón. Incluía correr, lanzar jabalina, saltos largos, lanzamiento de disco, lucha libre. Un poco más tarde, se agregaron carreras de carros y peleas de puños. —El programa moderno de los Juegos Olímpicos incluye 7 deportes de invierno y 28 de verano, es decir, 15 y 41 disciplinas, respectivamente. Todo depende de la temporada. —El nombre de quien fue el primer ganador de los juegos en la Antigua Grecia es Koreb de Elis, quien ganó la competencia de la carrera.
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