Lisette giró lentamente para enfrentar a Valreth, quien permanecía en el marco de la puerta, observándola con una suave sonrisa que irradiaba calidez. Sus ojos brillaban con una mezcla de ternura y orgullo, y su postura relajada le hacía parecer más accesible de lo que estaba acostumbrada a verlo. —No esperaba encontrarte aquí —dijo Valreth con su tono calmado mientras cruzaba el umbral hacia la biblioteca dorada. Sus pasos resonaron suavemente en el suelo, como si respetaran la solemnidad del lugar—. Pero debo admitir que es un placer verte explorando este espacio. Lisette, aún con el pequeño cuaderno de cuero n***o en sus manos, desvió la mirada hacia los estantes dorados que se alzaban a su alrededor. El lugar parecía cobrar vida con cada palabra de Valreth, y su presencia añadía un

