William Levlok. Llegué a casa con mi pequeña en brazos. Al apenas cruzar la puerta, Eva la ama de llaves, no tardó en bombardearme alarmada con preguntas sobre la niña que estaba entre mis brazos, si estaba bien o si debíamos llamar a un doctor, a lo cual solo respondí un leve. —Luego lo sabrás, ahora prepárame el botiquín de emergencias y súbelo a mi habitación— Ella sin rechistar obedeció y yo seguí mi camino. Al llegar me dirigí al cuarto de baño, en donde preparé la tina con sales y aromatizantes y luego metí a Cassy dentro, despojándola de sus ropas. Tuve que controlarme al ver su precioso cuerpo al desnudo. Me di cuenta que llevaba un moretón en el brazo y su pantorrilla adornaba una leve apertura. No necesitaría puntos, pero bandas para cubrir sus heridas sí. —Señor, soy yo,

