Condujo en silencio hasta el motel, sumido en una actitud distante y taciturna. Al llegar, Candy se bajó de la camioneta e hizo ademán de dirigirse hacia su habitación, pero aguardó un momento con la puerta abierta. —Supongo que no tendrás que ir a Denver para nada —dijo. El negó con la cabeza. —La verdad es que no. —Y ésta es la primera vez que yo vengo a Jacobsville. No creo que me hagan venir otra Vez. Ella miró a los ojos y le dolió ver la tristeza que ensombrecía su rostro. De nuevo estaba recordando a Anita... recordando lo que había sentid al perderla. —Ha sido muy divertido —dijo con una sonrisa forzada—. Me alegro de haberte conocido. Y sigue tomando tus medicinas —añadió con firmeza. —Sabré cuidar de mí misma —le aseguró ella—. Haz tú lo mismo —añadió amablemente. A

