El no-muerto había entrado confiado a su cubil, hasta que vio el cuerpo del primer lobo; a cada giro del túnel fue encontrando los cadáveres de sus secuaces, hasta que la manada entera estuvo a sus pies. El miedo se convirtió entonces en profundo terror. No era obra de Tom, cuyo sentido de la justicia y del deber le llevaría a la perdición, no, aquello era obra del Oscuro. Gregori. Al vampiro no se le había pasado por la cabeza que el Oscuro pudiera jugar una baza en esta partida. André salió como un rayo de la seguridad de su guarida justo en el momento en el que la tierra tembló y las paredes de piedra se venían abajo. El choque de los bloques de granito estuvo a punto de reventarle los tímpanos. Un vampiro con muchas muertes a su espalda era mucho más susceptible al sol y al

