Sin previo aviso, el monstruo que habitaba en Tom se liberó, gruñendo de forma posesiva y arrancando los ofensivos vaqueros. Arañó con los dientes el vientre liso mientras se arrodillaba para probar, a través de las finas medias, el sabor de la piel. Raven lo sentía salvaje y apenas podía respirar. De un tirón, Tom desgarró las medias para atacar con delicadas caricias. Raven volvió a gritar, dando la bienvenida a la bestia salvaje que crecía en él, dejando crecer su lado salvaje para igualar sus ansias. Cuando se vio libre de las medias, Raven presionó su cuerpo contra la ávida boca de Tom que dejó escapar un gruñido posesivo. Tom se maravillaba en la salvaje respuesta de Raven a su repentino ataque. Necesitaba sentir sus manos, agarrándolo desinhibida del pelo para acercarlo

