Una hora más tarde Tom se acomodó en su silla, observando su rostro mientras estudiaba el tablero. Tenía el entrecejo fruncido por la concentración, intentado descubrir la estrategia que él seguía. Ella podía percibir que le estaba tendiendo una trampa, pero no era capaz de ver en qué consistía. Raven apoyó la barbilla sobre la mano, relajada, sin prisa. Era paciente y meticulosa, en dos ocasiones había conseguido ponerlo contra las cuerdas porque él estaba demasiado seguro de sí mismo. De repente, abrió los ojos de par en par por la sorpresa, mientras que una lenta sonrisa asomaba a sus carnosos labios. - Eres un astuto diablo, ¿no es así, Tom? Pero tu astucia te puede meter en un pequeño problema. La miró con los ojos entrecerrados. Sus dientes se veían muy blancos a la luz d

