- Insistes en creer que tengo prejuicios, pero no es así. Me gustan muchos humanos – dijo Tom mientras se percataba que no podía resistirse a desabrochar los botones de la camisa que cubría el cuerpo desnudo de Raven. En su interior había algo profundo, primitivo, que le hacía desear mirarla, saber que podía hacerlo cuando le viniera en gana. Raven le sonrió, apartándose el pelo de la cara con su provocativo gesto. El movimiento abrió la camisa, y su piel desnuda atrajo a Tom, sus redondeados pechos se alzaron apetitosamente para desaparecer bajo una nube que seda color ébano. La visión lo dejó sin aliento. - Escúchame, mi amor. Tener unos cuantos amigos y sentir cariño por ciertos individuos de una r**a no implica que no tengas prejuicios. Has vivido con tus habilidades tanto

