Al dirigirse a la puerta de entrada de la casa, Jacques movió la cabeza y la instó a que se acercara con un gesto de sus dedos. - Él quiere que bebas un poco de zumo. - ¡Oh, déjalo! No le dije que fuera a tomarlo. - Podemos quedarnos aquí toda la noche -dijo encogiendo los hombros y esbozando una sesgada sonrisa- No me importaría, la casa de Tom es muy cómoda. Lo miró ceñuda, tratando de parecer muy enfadada, cuando en realidad estaba empezando a encontrar a todos estos especímenes masculinos muy cómicos. Creían actuar con tanta lógica… - Eres exactamente igual que Tom. Y no te lo tomes como un cumplido - añadió cuando vio que él parecía estar encantado. Jacques sonrió de nuevo con aquella sonrisa sesgada que era capaz de detener el corazón de cualquiera para después hacerlo p

