- Lo que fuera que hiciese, funcionó, Padre, porque yo no soy de la clase de mujeres que se tiran desde una ventana porque no pueden ver a su pareja durante un par de horas. - Supongo que ambos deberíamos darnos por satisfechos si Tom está sufriendo un poco de su poca medicina -dijo el Padre Hummer con una pequeña sonrisa. El corazón de Raven golpeó con fuerza en su pecho y su cuerpo se agitó en repentina protesta. La simple idea de que Tom pudiera sufrir era terriblemente perturbadora. Intentó forzar una sonrisa como respuesta. - Creo que de alguna manera está a salvo de sentir nada. El párroco estudió sus rasgos sombríos, desfigurados por el sufrimiento, mientras tomaba un sorbo de té. - Creo que Tom ha tenido mucha suerte al encontrarte. Eres muy fuerte, igual que él. - En

