CAPÍTULO 3. TIEMPO DE MARCHAR El día amaneció como el resto, quizás no hubiese tenido nada de particular aquella mañana excepto porque había tenido aquella conversación con la profesora. Algo que no me había dejado dormir y que había dado muchas vueltas por la noche. Yo que siempre dormía bien, había visto una y otra vez esos hombres del secuestro y sin saber muy bien el porqué. Tras lavarme la cara me quedé mirando de nuevo al lavabo lleno de agua, y no sé si fueron recuerdos, o una visión, pero me vi a mí misma corriendo asustada por las calles, sin saber cuándo llegaría casa. Ahora recordaba esa sensación angustiosa que había vivido, pero se me hacía raro, al verlo desde fuera, como desde arriba, vi que no había nadie alrededor, y que mis pasos únicamente se habían visto acelerados p

