Tasuki caminó sin prisa dentro de la cocina de su departamento y se preguntó por qué estaba tan sediento. – Oh si, té helado Long Island –. Sus ojos se volvieron vidriosos recordando las luces parpadeantes y una diosa en sus brazos bailando. – Kyoko… Lamió sus labios de nuevo. Su estómago también le había gruñido desde que abrió los ojos. El único problema era que no podía precisar lo que deseaba. Todo lo que podía describir era que deseaba algo agrio, salado y ligeramente pegajoso. No podía pensar en algo con esa descripción, de allí que se encontrara en su ubicación actual… la cocina. Con un suspiro, Tasuki comenzó a abrir los gabinetes buscando algo. Agarró latas al azar mirando las marcas antes de tirarlas descuidadamente sobre su hombro. Nada hasta ahora parecía llamarle la atenció

