Había otras cosas sobre las que pensar ahora, como llegar a la universidad para poder recoger los libros para el siguiente semestre. Eso la mantendría fuera de peligro y estudiar ayudaría a liberar su mente de toda esta locura. Toya aún estaba picado con Kotaro por llevársela y ocultarla como un tesoro secreto. No iba a admitir que había tenido exactamente la misma idea. El hecho de que ella no hubiese peleado con Kotaro le crispaba los nervios. Él le había dicho al guardia de seguridad que se alejara de ella, pero el arrogante bastardo lo ignoraba constantemente. Sentir la suave mano de Kyoko sobre la suya calmó sus pensamientos celosos. Su golpiza mental se apartó de Kotaro mientras la imagen que imitaba su propio reflejo entraba en su mente. Lo que Toya no le había dicho a nadie fue

