La agotadora vida de la joven dama.
La Sociedad en la ciudad M no era tan rígida como en otros lugares. Por lo general se juzgaba la capacidad de la persona, independientemente de su origen.
Los CEOS de las empresas eran parte vital de la economía, pero tras bambalinas, la columna vertebral fueron las esposas de estos. Para las grandes familias tener una nuera sin preparación era lo mismo que tirar su cara al suelo.
Eso se debió, a que en una época en la que una gran crisis económica golpeó el pais, un hombre se tomo el atrevimiento de acercarse a una de las reuniones de las esposas de los hombres con más capital en ese momento, por lo general se reunían a tomar el té y distraerse. Casi siempre eran tratadas como floreros hermosos de los cuales tener una razón más para presumir.
Pero ese hombre, tenia la completa seguridad y desesperación suficientes como para acercarse a rogar por una oportunidad a través de ellas. Al ser el primer hombre en acercase y tomarlas encerio incluso así fuera por pedir algo a cambio, casi todas se sintieron conmovidas, pero, sólo una levantó la mano y abogó por él con su marido.
Esa empresa, Electronics M/O. Con una inversión casi justa y limitada, logró abrirse paso y convertirse en una de las empresas mas competitivas a nivel mundial. No solo era frecuente en los hogares ver su marca, si no también en aparatos de investigación militar y farmacéutico.
A partir de ese día, la costumbre del té, se fue convirtiendo en un filtro para propuestas de pequeñas y medianas empresas.
Y, hacía unos pocos años. Una hermosa chica pelinegra, de ojos azules, piel blanca y suave como porcelana. Escuchaba atentamente con una sutil, sonrisa.
La única y preciosa hija de la Familia Rodríguez, era cultivada y educada en cada reunión. Fue muy difícil entrar antes de estar casada al círculo, pero debido a su fuerte apoyo y casi perfecta educación, incluso muchas de las señoras aconsejaron su participación.
Muchos de los "astutos" que llevaban a sus hijos, pensaban que si eran capaces de cautivar a la señorita, sus problemas serían completamente resueltos de por vida.
Desgraciadamente. El primer "casanova" que habló con ella una tarde, al regresar a su casa ese mismo día, descubrió que su empresa familiar estaba en bancarrota, fue tan rápido ¡que se volvió record en la historia del país!.
El segundo, ni siquiera supo que era lo que había hecho mal cuando su padre lo echó de la familia y lo desconoció completamente.
Y el tercero...
Su familia terminó en un pequeño barrio vendiendo productos de limpieza. A pesar de no ser una situación tan degradante, la anterior opulencia que disfrutaban y presumían, se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.
Después de varios meses, todos esos hechos de los cuales todos sabían o se daban una idea, pero de los que nadie se atrevía a idagar. Se confirmaron.
Los tres tiranos del país, se reunieron en la fiesta de cumpleaños de la señorita Rodríguez. Los tres hermosos, codiciados y perfectos hombres del momento. Se la pasaron consintiendo a la delicada joven todo el tiempo.
Para muchas, era como un cuento de hadas, pero para Miranda, era una pesadilla y estrés que pasaba día a día.
Bajo esas perfectas y brillantes sonrisas, con sus dientes apretados susurraban, cosas espeluznantes.
-¿Ahora qué demonios mira ese idiota?
-Tranquilo Albert, para mañana a esta hora, no le quedara absolutamente nada a ese cretino.
-¿Y por qué desperdiciar tanto capital para ese gusano? Solo hay que romperle las piernas y tirarlo a la basura.
Miranda suspiró profundamente. - ¿Tienen la más remota idea de lo tétricos que se escuchan?
-No te preocupes, Miri, no pasara nada. -
Respondió Albert con una hermosa y ya bien ensayada sonrisa.
Las cámaras prácticamente los seguían a donde fueran. Aunque no pudieran entrar, los camarógrafos, casi querían convertirse en goma para poder acercase y sacar las mejores tomas.
Las aterradoras miradas de odio, celos y curiosidad, casi volvían loca a Miranda.
Mientras todos peleaban por tener aunque sea un minuto con cada uno de ellos, ella era ignorada y hecha a un lado.
"Seguramente ni recuerdan porqué están todos aquí". Pensó ella desdeñosamente.
Ya muy entrada la noche, Miranda esperaba afuera a que llegaran. Se irían juntos, pero unos socios los retuvieron y ella que no quería quedarse a escuchar más de negocios salió del salón.
Se trataba de un club muy exclusivo, aunque estaba algo cerca de la ciudad, sus vistas panorámicas y verdes campos eran hermosos y relajantes.
Aunque ya había pasado bastante tiempo, ellos no aparecían.
No tenia su teléfono, y ni un centavo. Pensar en un taxi, imposible. Era un lugar apartado, y debido al calibre del lugar seria imposible que alguien los ocupara..
Notando la incómoda situación de la joven, un ballet, la miró un poco preocupado. No dijo palabra alguna, pero se mantuvo relativamente cerca.
Y Miranda que refunfuñaba a diestra y siniestra, ni lo notó.
-Demonios, si hubiera sabido que tardarían tanto, me habría ido temprano.
De pronto a la distancia se vio un lujoso auto acercándose y aparco cerca de ella.
-Señorita, el Señor Albert me pidió llevarla a casa, parece que su reunión se extenderá por el momento.
Miranda entró al auto y el ballet que jamás había visto a una dama tan hermosa, con una personalidad que aparentaba ser fuerte y distante, hacer pucheros como una niña pequeña, casi al instante quedó hechizado.
Era muy obvio que jamás sería capaz de ser notado por ella siquiera, pero por lo menos sería capaz de mirarla un poco cada vez que fuera al club, solo debía esperar a su siguiente visita.
Siguió el auto con la mirada hasta que su vista no alcanzo mas.
Poco se imaginaban, lo que se avecinaba....