Incómodas confesiones

1013 Words

La reconocí de espaldas por la forma en que se sentaba, con la pierna derecha más estirada y moviéndose ligeramente. Traía puestos uno de esos pantalones amplios de mezclilla. Rosa Hilda siempre tuvo “el problema” de no poder mantener quieta alguna parte de su cuerpo. El restaurante era pequeño, de esos donde el ruido no alcanza a tapar las conversaciones de los comensales. Una mala idea para los reencuentros, pero ya era tarde para cambiar de idea. Mi hermana viajó hasta mi ciudad con tan de verme. —¡Azu! —dijo, al mismo tiempo que se levantaba para abrazarme. Escuchar mi nombre, desde sus labios, me dolió. Yo ya había enterrado y llorado a mis hermanos. ¿Qué hacía ahora visitando a una difunta? Nos abrazamos. Medí la intensidad al hacerlo. Mi hermana estaba cambiada. Parecía tener

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD