Justo cuando Carlos gritó al recibir los disparos, el carro de mi hermana llegó seguido de otros dos. Vi cómo Valentina se bajó apurada del auto, seguida de los guardias, y corrió directamente hacia mí para escanearme de pies a cabeza. —¿Estás bien, Alaia? ¿Qué acaba de pasar? —su voz salió temblorosa, era obvio que estaba preocupada. Yo solo me encogí de hombros. Vi cómo de los callejones salían varios hombres armados que se acercaron a Carlos. —Me defendí del imbécil que me quería volver a secuestrar para hacerme, sabrá Dios, qué cosas —dije encogiéndome de hombros para restarle importancia—. ¿Acaso hice mal? —pregunté con sarcasmo. Al mismo tiempo, los guardias que vinieron con mi hermana se pusieron a nuestro alrededor, formando una barrera protectora. Todos apuntaban a todos. Vale

