— Alaia, es muy peligroso lo que quieres hacer —me dice Valentina, su rostro lleno de preocupación. — Puede ser, pero entre más información obtenga, será mejor para todos —respondo con firmeza, mi voz no da espacio a la duda—. Si la destruimos desde adentro, no solo nosotras podremos salir de ella, sino que muchas más personas dejarán de sufrir. Y yo quiero venganza, hacer justicia por todos los que han padecido a manos de tus padres. Ahora que sé tu historia, estoy más decidida que nunca a hacer que paguen para que podamos vivir tranquilas. — Eres demasiado terca. Yo necesito protegerte de todo esto, no que te involucres más, Alaia —dice ella con seriedad. — Solo tienes la opción de apoyarme, porque ya estoy metida en esto y no pienso retractarme. Ella suspira antes de pasarse la mano

