—Entonces, ¿quién es ese tal Daniel que mencionaste ayer? —Valentina me miró con curiosidad, llevándose un bocado de comida a la boca. El olor del café recién hecho llenaba la cocina. La luz de la mañana que entraba por el ventanal hacía que el mármol brillara, pero nada de esa normalidad se sentía real. —¿Es necesario que responda eso? —dije, apartando un rizo de mi cara con una sonrisa juguetona. Mi hermana negó con la cabeza, pero sus ojos me decían que esperaba una respuesta. —No es necesario, pero sí me gustaría saber qué tiene de especial para que no le tengas miedo a su toque después de todo lo que te pasó. Solté un suspiro. Era la pregunta que me había hecho a mí misma una y otra vez. —La verdad, ni yo misma entiendo qué me pasa con Daniel. Es como si tuviera un extraño poder

