Me despierto sola en la cama, esperando a que se adapten mis ojos a la poca luz que entra por la ventana para buscar a Hayley, pero no está. Salgo de la cama y de la habitación, encontrándola en la mesa de la cocina, dando vueltas al café que tiene frente a ella. Su mirada parece perdida en esa taza, ni si quiera me ha morado cuando he aparecido en la cocina. Esta situación tiene que acabar. -¿Qué te pasa? -pregunto casi gruñendo, y ella levanta la vista para encontrarse con mi mirada. Parece triste, como si acabase de llorar. -Alissa, tenemos que hablar. -dice con la voz entrecortada, con las lágrimas a punto de salir de sus ojos. Eso no suena nada bien. -Dime que pasa. -relajo un poco mi tono de voz. -El sábado me llamaron desde París. - eso explica por qué hablaba en francés. -Me h

