Por un momento, ambas nos quedamos paralizadas al coincidir en el mismo lugar. Debe ser tan extraño para ella habernos encontrado aquí como lo es para mí. Ella reacciona y va hacia el lavabo, donde se lava las manos sin volver a dirigirme la mirada. Yo la imito, en el lavabo que hay a su lado. Es un momento bastante incómodo, no voy a negar que estoy algo nerviosa ante su presencia y su cercanía. En clase también la he visto, pero no es lo mismo. Aquí estamos las dos solas, en un baño, y demasiado cerca. Nuestras miradas vuelven a cruzarse a través del gran espejo del baño, pero ella, enseguida, gira la cabeza para dirigirse al secador que hay a su izquierda. Continúo lavando mis manos hasta que ella deja libre el secador, y ahora soy yo quien lo utiliza. Agacho la cabeza, tímida,

