LUCIANO Richard probablemente estaba confundido por haberlo llamado para volver a la oficina. No se me había ocurrido pedirle a Fedra que regresara a casa. Me pareció más sencillo encontrarme con ella en el trabajo. El tráfico de media mañana no estaba tan mal, y me dejó frente al edificio menos de veinte minutos después. Entré a toda prisa, buscándola. Esperaba verla en el mural, pero no estaba allí. Fui a nuestras oficinas y Miranda levantó la vista. —Creí que te ibas a tomar el día libre. —Fedra va a reunirse conmigo aquí —miré alrededor—. ¿Está aquí? —No la he visto en todo el día —Miranda parecía entre confundida y preocupada. Inquieto, tomé el teléfono y volví a marcar el número de Fedra mientras me dirigía al vestíbulo. Estaba a punto de salir a buscarla a pie cuando escuché s

